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Archive for the ‘Análisis de contenido’ Category

Estaba recordando los orígenes de este blog, cuando era un jovenzuelo con sueños de ser el Charlie Brooker chileno. Pensé en cómo llegué al título que me haría famoso, y en el logo que me serviría de mantra durante el siguiente año. En esas fue que percibí algo que no andaba bien: la parte de “quejarse” la tengo en el bolsillo; pero la parte de “tonterías que nadie percibe” me está fallando, con temas como los medias y la política que interesan a un público consciente. Para corregirme, se me ocurrió escribir de algo lo bastante insignificante como para que nadie simpatice mucho. Digamos que es una vuelta a mis raíces.

Como dije, no soy muy de ver televisión. Eso no significa que en tiempos muertos no la prenda. O a veces alguien más me pide que la ponga, para ver las noticias, dejándome vulnerable a la basura que no quiero ver. Los comerciales son lo peor: un desfile de poca creatividad, cancones robadas y demandas por comprar cosas que no necesito y que no tengo plata para. Podría estar escribiendo todo el día sobre comerciales malos, yo creo. Ya se en que basura quiero gastar, gracias. Pero por alguna razón, esos comerciales de Claro siempre me dejan un sabor extra rancio en la boca.

Primero eran esos en blanco y negro donde salía gente famosa o casi famosa. Pero para el Día del Niño, se les ocurrió poner a un pendejo que no tiene ningún chiste o procedencia, haciendo poses top tipo Benjamín Vicuña, haciéndose el bakán y recordando a los papis que él ya está grande y merece su propio súper celular claro (¡y con helicóptero de palo de regalo!). Patético. No me imaginaba que podría ser peor. Debo tener poca imaginación comparado con los maestros marketeros.

La segunda enana, la de Mi Primera Banda Ancha, es peor. Con una voz proto-pelolais no recomienda, DEMANDA que el papi no la considere como cabra chica (¿tenemos argumento para esto?), y que en su autoridad como casi-adolescente requiere de: 1. Mesada más decente; 2. Quedarse sola en la casa; 3. Invitar amigas a la ídem; 4. No más rosado; y por último 5. Dame banda ancha (y TIENE que ser Claro).[1] A continuación nos recuerda que es la más popular en la clase, lo que le permite atribuirse poderes omniscientes por sobre sus padres y recibir sus regalos… quiero decir derechos divinos. Con esa justificación final me cagó el escrito… excepto que no.

Pendeja: ¿A quien le hai ganado? No capto exactamente a quien va dirigido el comercial, si a las niñas para que aprendan a exigir cosas que no necesitan, o a los padres para que teman que sus niñas ya no los quieran. Salvo la oferta de internet ilimitado para sitios educacionales y hueá, dudo que sea el caso de lo segundo. Solo me queda la imagen de una pendeja que exige derechos de adulto haciendo básicamente como una pataleta. Mi lado más loco se la imagina en 15 años más, maraqueando como una experta.

ESTOY VIEJO Y QUE 😛

PD: Acabo de pillar la franja de la SERNAM. La intención es buena y todo, pero de veeeeeeeeeras no creo que esas cosas se enseñen en un spot.


[1] Puse la tele exclusivamente para poder copiarlo textual. Ahora dan Infieles, que no sabía que seguía y que me tinca que se acabaron las ideas hace rato: ¿Cultistas? ¿Suegras peleando por un consolador? ¿En serio, Chilevisión?

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Siempre me fijo que onda con los 100 líderes del Mercurio, por lo menos desde que tengo 20 años (acá tengo una copia virtual de referencia). Debe ser porque a esa edad es que se vuelve un tanto menos extraño ser un crack. Existen suficientes personas exitosas a los 20 como parar leer a menudo sobre ellos. Y claro, queda por hacer la comparación con la situación personal, y los típicos pasos asociados: sufrir la epifanía de descubrir que mis talentos nunca llamarán la atención ni rendirán frutos, interiorizar la realización de que me ubico en la frontera de mis límites y que ninguna de mis acciones tendrán un peso de importancia, abrazar la idea de que nada de lo que haga estará a la altura de otros más geniales y mis actos en adelante son sólo una forma de pasar el tiempo hasta que el dulce arrullo de la muerte me libere de esta condena. Nada especial, nada fuera del otro mundo.

Y me tomaba el tema de los líderes con naturalidad, hasta que me topé con ciertos comentarios de otros jóvenes, tipos y tipas que quizás no salgan en la portada de los diarios pero sí que están haciendo grandes cosas. Esto me motivó a poner un ojo crítico con lo de los líderes. Otra cosa que influye es que, ahora que estoy trabajando en el liderazgo (además de mi experiencia en juventudes) como un tema de estudio serio, no puedo evitar no fijarme en ciertos temas que aparecen repetidos de un  joven al otro. Habría dos problemas conceptuales para hablar de líderes.

Uno de los problemas es hablar de “joven”; o más precisamente, donde están en esta lista. Lo primerísimo que noté es cuántos de los seleccionados andaban por el límite impuesto de lo joven, entre 33 y 35. Son caleta. No dejo de imaginarme a los autores del estudio, estirando el chicle de lo aceptable como juventud dentro de lo posible; ¿quién de la lista cumpliría años la semana que venia de la fecha del artículo? Hablando de estirar el chicle, varios de la lista se ubicaban al límite aceptable de la imagen visual que se podría tener de “joven”. Otros tantos ya mascaron ese chicle, lo escupieron y pegaron debajo de la silla. Como ejemplo, mírense los líderes en política: miren esas camisas firmemente ajustadas con el cinturón para evitar accidentales exhibiciones de libertad; miren esos corten de pelo que gritan “me estoy quedando pelado pero da igual”; miren esas guatas de asado familiar. Suena como pelambre, pero es que por ningún lado veo esa juventud que tanto se promociona. He visto estatuas de la dinastía Qing que proyectan mejor lo que es juventud. Los únicos exentos son los líderes en el mundo del arte, porque todos saben que ser artista es justamente pasarse por la raja la mayor cantidad de convenciones sociales posibles.

El segundo problema es  hablar de “líderes”. Este es un tema menos obvio, pero que con un ojo crítico se hacía más notorio. Para empezar, la aceptación de líder que se usa es bien genérica, refiriéndose a personas que son destacadas en su área y que poseen éxito en un grado cuantificable. “Referentes” sería un poco más preciso.  Siempre hay un medidor garantizado de ese éxito: los premios que ganó, las lucas que ingresan a su cuenta bancaria, la cantidad de personas beneficiadas. Son hechos que invariablemente exhiben ser un ganador. Por otro, las contribuciones no suelen ser del tipo que modifican las condiciones existentes, lo que contradice por completo la idea de líder: no se cambian percepciones del mundo sino que triunfan en áreas ya reconocidas. Puro status quo. En algunos casos hay áreas nuevas y poco reconocidas, pero el éxito se mide por encontrar formas reconocidas de reconocimiento. Por ejemplo, el graffitero Bazco Vasko es digno de mención porque estuvo en una feria internacional y hace poleras.

Todo esto me lleva a la conclusión de que, si no son jóvenes ni líderes, mucho menos son líderes para jóvenes. El artículo no tiene la idea de inspirar a jóvenes con talentos para seguir los pasos de estos referentes; más bien, la idea es mostrar al mundo adulto/viejo que “estos pendejos igual sirven para algo”. Debería haber sido obvio pensando en el público objetivo del Mercurio, pero viéndolo así es más potente. Y claro está, mostrar que un líder siempre existe dentro de los ámbitos que por sociedad se reconocen como importantes; el problema que todo deportista que no hace futbol ni tenis conoce bien. La juventud sólo es aplaudida cuando hacen lo que los papás y mamás consideran como adecuado. El tema de la juventud entonces se hace político, quizás no como movimiento organizado pero si como visión disidente.

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Hace unos años se decidió que el próximo mundial de fútbol sería en Sudáfrica. Bien, sin problema. Y hace algo así como medio año que Sudáfrica pasó de ser una promesa a una realidad de la que había que estar pendiente. Chile clasificó y quedamos todos muy contentos, y como resultado hacía falta promocionar el mundial más que nunca, porque este podía ser el año de Chile y sacar una tarjeta de crédito ayuda a la nación y esas hueás.

Lo que lleva al problema central de lo que escribo: ¿Qué sabemos de Sudáfrica? Hay que promocionar Sudáfrica: sus bellezas, glorias y majestades. Que los más apasionados vayan para allá y promocionen Chilito lindo. ¿Pero qué es lo que hay para mostrar? Ya, hay sabana. Hay animales. Hay negros con pinturas raras, taparrabos, escudos y lanzas. ¿Nada más? Bueno, hay que arreglarse con lo que hay. Y de allí en adelante salieron los primeros llamados a ver el mundial, con harta sabana, harto animal y harto negro tribal. A menos que se tome la opción de ser autorreferente y hacer discursos de por qué la pasión de multitudes es pasión de multitudes. Y esta tautología es a propósito, juzgando por los comerciales que estos huevones juran que nadie sabe eso.

Algunas cosas que aprendí por Wikipedia: sí, hay hartos negros, pero tampoco es un absoluto. Son el 80% de la población, y también hay blancos, asiáticos y mestizos. Tienen un coeficiente de Gini de 57%, de los más altos en el mundo. Lo de los animales es cierto, ya que el país está clasificado dentro de los megadiversos o que tienen alta biodiversidad. Y la población estimada en el 2009 es de casi 50 millones; 50 millones de personas de las que sólo sabemos que son negros, son pobres y están rodeados de animales. Y hasta los animales juegan a la pelota. Eso es harta ignorancia.

Es chistoso ver uno de esos videos donde entrevistan a gringos en la calle sobre asuntos de interés internacional o cultura general o fallan miserablemente. Obviamente, no es tan chistoso cuando te echan en la cara que tú podrías no ser mucho mejor que ellos. Estamos en el 2010, hay internet y celulares lectores de tarjetas BIP, y la excusa del país alejado ya no es tierna. Es fácil jugar la carta del país humilde y pequeño en el borde del mundo (Japón lo hace todo el tiempo) y celebrar los sueños e ilusiones de la gente pequeña, pero otro asunto es admitir que no sé un carajo de lo que está pasando en Sudafrica y que, para todo propósito, Chile es un país demasiado encerrado en sí mismo.

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Que habríamos hecho sin las radios. Nuestros baluartes de modernidad chilensis (televisión, telefonía inalámbrica, internet) se cayeron de poto. Cuando Chile entero era tragado por un callback a la Edad Oscura, y al menos un cuarto de Chile decidió que ya no había Leviatán al que hacerle caso y los hombres y mujeres se hacían lobos para otros hombres y mujeres, las radios seguían allí, inmovibles. En el viaje a casa, sabíamos a todo momento el conteo actual de muertos, sabíamos de los rumores y verdades sobre maremotos, sabíamos quien andaba perdido y quien no. Y cuando ya estaba de vuelta, seguía siendo la fuente de contacto primario con el exterior. No era infalible (y aquí le deseo muerte dolorosa al concejal de Parral), pero estaba allí. Harto más de lo que otros podrían contar.

Pero cuando llegó la luz a casita, fue súper loco contrastar con cómo lo presentan en la tele: viejas llorando, ruinas en el piso, todo listo para tocar las emociones del público. La radio, por otro lado, cumplía con el raro deber de informar. En la tele solo tengo un montón de imágenes desencajadas y periodistas hablando. Si pongo MUTE, bien podría tratarse de un incidente en Bolivia o Surinam. Al final todo se siente asquerosamente lejano. Una tragedia más en un lugar sumamente interesante donde nunca pondría un pie. Así debimos ver nosotros a los indonesios y a los haitianos.

Hasta entonces pasaba una hora o dos con los canales de noticias. Ahora me di cuenta de lo malos que son. Escenas de desastre con un audio incongruente de fondo, demasiado vago como para sacar algo de ello. No se como será para el resto, pero a mí solo me desensitiviza, me olvido que eso es real. Y para peor, son las mismas repetidas, cada hora y media (¿o será media hora?). Ahora estamos bien, hay luz y estoy conectado al mundo. Pero a la vez, ese mundo de casas caídas y gente sufriendo dejó de ser parte de mi mundo. Es una cosa rara que le pasó a otros, y no es mi asunto. Que mala es la tele.

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[1]

¿Qué es definible como popular? ¿Son aquellos fragmentos de la cultura que permanecen perennes al cambio generacional, retazos intocables de los que somos en esencia? Ni cagando: lo popular suelen ser lugares, objetos o personas que fueron adoptados por un segmento nicho, y que por imitación son apreciados por una masa culturalmente instruida. Lo popular, a menudo, es un ejercicio de marketing iniciado por un grupo nicho y expandido hacia sus seguidores, un grupo target especializado. Y que mejor ejemplo que el de la Piojera.

Entre las millones de aplicaciones de Facebook, una que me llamó la atención es la “Experiencia del Maxo Shileno”. Cito:

“Es de maricón que hace gárgaras con semen salir con amigos a comer sushi!! El verdadero macho chileno rompe hímenes se va a La Piojera y se come un Costillar con puré picante acompañado de sopaipillas con pebre cuchareado”.

¿Y quien dice esto? ¿Quién fue el Macho Chileno… perdón, Maxo Shileno que bajó de los cielos y designó esta tierra prometida donde los hombres son hombres, las mujeres son mujeres y los niños son niños[2]? Anda a cagar: hace 20 años nadie metía un pie ahí, hasta que llegaron los del Red Set (Álvaro Henriquez es mi principal sospechoso) y le otorgaron la calidad de popular. Desde entonces, el publico mayoritario son universitarios my alejados de lo que nos imaginamos por gentes del sector popular.

He aquí una realidad hermosa y desconocida: la Piojera es una hueá entera cara. El shop, la última vez que vi, salía $1.600. La comida pasa piola, pero nadie va para eso. Argumentarán algunos que la gracia de la Piojera es convivir con la fauna etílica, baluartes de este monumento. Lo cual es una cerda mentira. Salvo los más valientes o los más ebrios (categorías que no son mutuamente exclusivas), el asistente va a interactuar con otros de su mismo tipo: más universitarios y adultos jóvenes engrupidos con la idea de que están absorbiendo memoria histórica; ese concepto tan mercadotécnico como lo es el ambiente.

¿Y saben cual es la mejor parte? Al consumir un pedazo de cultura shilena, le estás robando su espacio a la gente que siempre estuvo allí. Entre más aumenta el segmento universitario, mayor nivel socioeconómico entra en juego; y entocnes por qué no subir los precios a estos pendejos que hacen como que son pobres pero en realidad no les falta. Así, los viejos chichas originarios ya no pueden permitirse el beber allí, porque todo está más caro.

Hagan un favor a su vecino y no hinchen las pelotas con la Piojera. Ir no te hace más chileno ni más macho. Lo único que se gana es entrar a ser parte de un sector de mercado especializado, listo para que le vendan cualquier atracción nueva a la que le encuentren memoria de país.


[1] O sea… ¿Qué clase de picada tiene su propia página web? Aprovecho también para aclarar que la foto la encontré en el Flickr de alguien que no me acuerdo y la encontré muy buena, y si se aparece a tomar el crédito me parece muy bien.

[2] A diferencia de Internet, donde los hombres son hombres, las mujeres son hombres y los niños son tiras de la Brisexme.

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