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Archive for the ‘Meta’ Category

RE: Los números de 2010

Estoy tratando de volver para esta seman. Por mientras, comparto esto que me mandaron los dioses de WordPress:

 

Los duendes de estadísticas de WordPress.com han analizado el desempeño de este blog en 2010 y te presentan un resumen de alto nivel de la salud de tu blog:

Healthy blog!

El Blog-Health-o-Meter™ indica: Wow.

Números crujientes

Imagen destacada

Un Boeing 747-400 transporta hasta 416 pasajeros. Este blog fue visto cerca de 3,300 veces en 2010. Eso son alrededor de 8 Boeings 747-400.

 

En 2010, publicaste 29 entradas nueva, haciendo crecer el arquivo para 45 entradas. Subiste 38 imágenes, ocupando un total de 4mb. Eso son alrededor de 3 imágenes por mes.

The busiest day of the year was 4 de mayo with 50 views. The most popular post that day was ¿Por Qué Tan Mala Onda?.

¿De dónde vienen?

Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran mefisto-lakulturadelossordos.blogspot.com, facebook.com, maloshabitus.blogspot.com, lapala.cl y bombaencamino.blogspot.com.

Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por voltaire, la piojera precios, justice, cosas que me molestan y trainspotting.

Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

1

¿Por Qué Tan Mala Onda? agosto, 2009
3 comentários

2

8. La Piojera septiembre, 2009
6 comentários

3

Mi libro de citas abril, 2010
3 comentários

4

10. Autores malditos octubre, 2009
4 comentários

5

28. Jóvenes líderes mayo, 2010
2 comentários

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Quería escribir sobre las zonas VIP de los conciertos, en general. Pero leyendo comentarios por allí y por allá, me dí cuenta de que las  posturas son un poco más complejas que el rechazo absoluto, y que hay gente defendiendo y atacando por los dos lados. Y no creo que sea una coincidencia que nadie que tenga la plata para un VIP se queje sobre ellos. Y como a última hora pude ir al Maquinaria con un precio rebajado (en general, para que sepan), elegí la ruta fácil y me puse a escribir sobre el Maquinaria. Algunas ni siquiera son molestias, en el sentido que le he dado forma. Pero bueh… un poco de trampita. Estas son ideas que me quedaron flotando en la cabeza. Así que voy a jugar a reportero por un rato:

 

1) Primero, sobre el VIP mismo (o en una estrategia de semántica “zona Rock”): encontré que para esta ocasión, usaron una estrategia bastante decente. En lugar de enrejar la parte más cerca del escenario, marcaron un espacio rectangular que cubría una porción de la cancha, a lo largo de los dos escenarios (imaginen un diagrama de Venn con rectángulos). Me pareció una idea sensible, siendo que dejaban oportunidad para agarrar primera fila a la manada; el VIP era esencial sólo si buscabas verlo absolutamente todo en primera fila. Siendo que la gente sigue pagando VIP y no hay razón inteligente para disociar a las productoras de cortarla con esta práctica, aparte de “ESTAN MATANDO EL ROCK CTM” (ver punto 3).

2) ¿Había un propósito para poner unos cubos gigantes con “salida” marcados encima, justo en frente del escenario, aparte de ser maricones y retribuir un poco al valor agregado del VIP?

3) De a poco estoy aprendiendo a detestar los fanáticos tanto como a las productoras. Se horrorizan de que los cerdos capitalistas se caguen el en espíritu del rock and roll, para que después empiezen a anunciar las bandas y peguen el grito al cielo porque “NO CACHO A ESTOS WEONES”, y “YO ESTOY PAGANDO PARA VER A PIXIES/INCUBUS/LINKIN PARK, DEMANDO MIS DERECHOS COMO CONSUMIR Y LA WEA”.[1] Uuuuuh pobrecito, que lo obliguen a escuchar música nueva. El punto entero de estos eventos es traer conocidos y desconocidos, para minimizar el riesgo y traer música económicamente arriesgada. Comparativamente, no es caro, sobretodo pensando en los precios actuales: doce horas de música a 35 lucas versus, por ejemplo, las 30 lucas que están cobrando por al cancha en Smashing Pumpkins. Así funcionan Lollapalooza, Glastonbury, Coachella, Roskilde, etc. Hablando de ellos, la gente se queja de que el lineup es pobre, mientras que estos festivales tienen mil hueones, aparte de tradición. ¿No se les ocurrió que las tradiciones parten en algún lado? Se quejan de que no hay nada así en Chile, pero después nadie lo quiere pagar.

4) Escenarios azul y verde: pésima idea. No había separación, y el escenario verde, tipo cancha, tapaba al menor escenario azul. El loco de Aeroplane quedó emputecido porque no se escuchaba nada de su propia música. O situaciones raras como que se termine No One Knows y al lado hay un rapero que se jura Gunther.

5) ¿Es tan importante que todos y cada uno de los asistentes se crea documentalista y trate de grabarlo/fotografiarlo todo? ¿Y es tan importante subirlo a Youtube, sin importar la calidad?

6) Adoro a Linkin Park. Adoro cada letra obsesionada por el amor que papito nunca me dio, adoro las emociones sinceras tan exageradas que dan risa, adoro que no entiendan el concepto de consonancia y tiren una intro de guitarras rudas para seguir con una balada de tres minutos, adoro que el vocalista se pegue esos saltitos como si estuviera jugando Zelda en la Wii, adoro que haya una mesa en el escenario que tiene la única función de que el vocalista se pare encima de ella. Estuve en Linkin, grité los coros que me eran familiares hasta que perdí la voz. Hola, mi nombre es Nicolás, y soy un fan irónico hardcore de Linkin Park.

¡CANTEMOS TODOS JUNTOS!


[1] No me refiero al asunto del cambio de fechas de RATM, eso si que fue jodido.

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[extra] Infomercial

Por algo no estudie publicidad…. creo que nunca mencione que también escribo cada año bisiesto para La Pala, un blog dedicado a la… ¿sociología alternativa? No se, descúbranlo por su cuenta.  Porque es  más que un blog, también hacen de revista virtual y tienen muchos planes para el futuro. Aquí estoy yo, si alguien quería saber. Y de paso, aprovechan de leer otros autores macanudos que hablan de cuestiones sociales y otras yerbas.

Saludos a los que andan por ahí. Y no le tengan miedo al botón de comentarios poh.

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A continuación presento algunas ideas que nunca dieron para un artículo completo. Como plus, se me ocurrió ver si podía describir mi molestia en 140 palabras o menos. Digamos que estoy testeando mi mentalidad 2.0 (¿2.1? Gurúes de los new media, corríjanme si me equivoco).

Ke$ha: Es la frontera final sobre cuánto puedo aguantar en la música pop. Pasamos de lo grandioso (Michael Jackson, Madonna) a lo no tan bueno pero que sirve como placer culpable (Spice Girls y Backstreet Boys) a lo insoportable por sí mismo pero que igual cunde en la pista de baile (Spears y Aguilera) hasta que cruzaron el horizonte moral y encontraron una… -me niego a llamarle cantante –que me lastima físicamente. Esa voz que hace en Blah Blah Blah me hace desear ser el Hombre Elástico para poder patearme mis propias bolas y sentir algo un poco menos doloroso que la voz de Ca$ha (soy clever yo). Es como si la música pop como conjunto me estuviera provocando con lo mala que puede llegar a ser.

Centralismo de las películas chilenas: Lo primero que destacan los chilenos de Chile son los paisajes. Raro es entonces que cuando hay que hacer películas en Chile, los escenarios se reducen salvo excepciones a: A) La población olvidada por el Estado; B) El barrio más siútico de Santiago tratando de emular un suburbio medio gringo. ¿Dónde están los desiertos más secos, las junglas subtropicales, la estepa austral? ¿Se ganan Fondarts enteros pero no se pueden costear un pasaje de 15 lucas a Valdivia? Entiendo que hoy en día la inspiración se saca más que nada del cine indie norteamericano, pero no creo que sea escusa para no abandonar el barrio del director.  Y hablando de escenarios A y B, ¿Cómo es que no hay punto medio? O El Volcán o Lo Barnechea. A lo más, Providencia.


Comerciales de Falabella: en el contexto de que estamos en un país clasista que siempre mira hacia arriba, obsesionado con el prototipo ario y la superioridad protestante… hasta esto es como mucho. Cuando los mostraron en Perú, los peruanos se indignaron con lo que para nosotros es ya una costumbre. Si Leni Riefenstahl estuviera viva (y si el ejecutivo promedio tuviera la cultura como pa’ saber quien es Leni Riefenstahl), seguro que le ofrecerían un jugoso contrato. Por otro lado, con los copiones que son los comerciales, quizás ya estamos viendo calcos de Olympia. Guao… hablando de violencia simbólica.

Anunciar molestia nueva por Facebook: Todo el mundo lo hace. Anunciarse es parte vital del mundo 2.0 o 2.1 o guaréver. Es una herramienta reconocida y elemento vital dentro de las teorías del personal branding y otras yerbas. Y según los datos de visitas diarias, funciona. Sin embargo… a mí –la persona que está escribiendo esto, porque detrás de los blog, flogs y tweets hay personas de carne hueso – todavía me da vergüenza. No debería, pero me da. Es triste pero cierto. Otro retazo más dentro de los fragmentos de historia personal que pueblan este blog temático.

¿Soy material para Twitter? Deje su opinión y velitas.

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Después de un mes de vacaciones autoimpuestas (que quizás debí avisar) y de la catástrofe que Chile vivió en la madrugada de este sábado, descubrí que tenía un par de cosas por decir. Acompáñenme en un episodio muy especial de “Cosas que me molestan”.

Tuve la ¿suerte? de estar fuera de Santiago cuando la tierra tembló. Mala suerte por tener que sufrir los problemas extra de quienes vacacionaban fuera de su hogar: no saber que pasa con los seres queridos que uno dejó atrás, sentirse exiliado por las fuerzas de la naturaleza misma – más fuertes que cualquier gobierno -, y el general temor a lo que uno puede encontrarse en el camino de vuelta. Bien penca en realidad, pero nada que no se pueda sobrellevar, encima si comparo con los cientos que ahora mismo sufren tragedias de verdad. Sin embargo, puedo decir que algo de suerte tuve, porque me dio la oportunidad de ver el estado de las cosas en persona, como experiencia directa, y sin los filtros que a los medios les gusta tanto ajustar.

Esta molestia muy especial se basa en mi creencia de que las personas allá afuera, sean los que manejan las alzas y bajas de mi cuenta bancaria o los que se llevan mi basura, son medianamente conscientes de que viven en una sociedad, y por tanto tienen que lidiar con otros. Por tanto, lo que escribo no trata sobre los que hayan perdido todo o estuvieron cerca de estarlo, gentes ignoradas por mucho tiempo y que hoy tendrán una oportunidad única de ser de importancia para la nación. Sobre ellos mucha gente talentosa puede escribir mucho mejor que yo. En vez de eso, escribo sobre los apenas sufrieron molestias (noto la ironía) pero que eligieron volverse un poco locos.

Suena poco importante, como lo que suelo escribir, pero en verdad importa demasiado. Al final, son los que se dejan llevar por el pánico los que salen del supermercado con tres carritos llenos de provisiones como para un mes de supervivencia; son ellos los que intentan colarse en las colas y que amenazan con destruir la frágil harmonía humana que se genera en estos espacios; son los que te echan a patadas de su propiedad cuando les pides prestada la manguera para poder lavar a tus hijos, porque en mi casa no ha llegado el agua. Cuando hay crisis de este tipo, abandonar la premisa de sociedad y que sea cada uno por su lado puede resultar fatal para el resto. Hay que darle prioridad al mantener la calma, y a no cultivar la histeria masiva.

Haré una excepción a las reglas ocultas de este blog para poner algo de experiencia personal: ¿esas colas satánicas por la bencina, donde estaban que sacaban los cuchillos pa’ matarse a plena luz del día? Yo estuve en una. Y ni cagando fue para tanto, como me protieron los informativos. Obviamente la gente estaba tensa, y la cola fue para rato (a mi me salió 2 horas y media, tal vez 3). Pero la bencina no se iba a acabar, y por unas horas de cola nadie se muere. Ahora, es muy probable que la cola fuera una hora más corta si no hubiera sido por los que, como imaginarán, se volvieron un poco locos. Revoloteando como jotes estaban los aspirantes a colarse en el borde de la cola. Había de todo: los que trataban de hacerla piola, los que encontraban fuerzas y desvergüenza en su flaite interior, los que contaban historias trágicas y el infalible método de la guagua en brazos. No puedo hablar por todos, pero sospecho que eran más bien pocos los que sufrían una verdadera emergencia; no es estirar el chicle decir que la mayoría estaban en la mentalidad del “por si acaso”, y la expresaban mal. Nosotros igual estábamos a 15 km de quedarnos en pana, pero tomamos el camino largo, como todo el mundo.

Una cola, en sus mejores momentos, es prueba valiosa de la capacidad humana para organizarse: los que pasan la jornada se van con las manos llenas, los aprovechados son expedidos, están todos en situación de equidad y todo se resuelve sin violencia. Así que cuando algunos deciden que eso no basta y que entramos en la guerra del hombre por el hombre, me emputece. Un pequeño desajuste en la rutina le basta a algunos para darse permisos especiales.

Y me molesta más cuando hablamos de Chile, país donde uno vive con la sospecha de que la población media sería feliz si a cada individuo le asignaran un milico que te ordene cuando comer y donde cagar. Y con el terremoto, las sospechas se confirman un poco: de repente, en la radio y en la tele todos piden que venga el milico y, efectivamente, venga a imponer orden y decidir donde es el comedero y donde el cagadero. Hasta los que conocíamos como liberales de repente claman por el sitiado de Chile. El pánico les hace olvidar que Chile no es Llolleo ni Constitución y cualquier amenaza eriza los pelos de la nuca. Los medios mismos poco ayudan, asegurándonos que allá afuera es el Armaggedon y que lo mejor es encerrarse en casita y mirar feo al prójimo. Porque un terremoto es un tipo de desastre único, del que ninguna cantidad de plata puede protegerte (aunque los daños reales sean muy diferentes). La idea quebrantable de seguridad completa del mundo exterior y de ser intocable se resquebraja. Y de repente, ninguna medida parece suficiente para estar bien protegido. De repente, los saqueadores podrían estar a la vuelta de su casa.

Eso, más que molestarme, realmente me preocupa y asusta. Que las amenazas al bienestar personal superen cualquier dilema ético/moral es aterrador. Que, por miedo, de repente parezca aceptable ceder algunas libertades personales y darle más poder a los que ya tienen bastante poder encima, siempre que cumplan con la promesa de proteger y cobijar. Ahora Piñera va a tener todita la razón, resulta que la seguridad es EL tema, que se estaba dando todo demasiado por sentado, y por favor que toque de queda para Chile entero. Quizás me estoy adelantando en conclusiones y empiezo a bordear la paranoia; pero si miles de chilenos dijeron en sus momentos más negros “por si acaso”, entonces yo también puedo.

Y por supuesto, existen los que necesitan ayuda urgente. Donaciones, voluntario o lo que sea, por favor póngase con algo. Información y lugares para ello hay de más.

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Hoy el termómetro marcó 35 grados. Pude sentirlo afuera, haciendo unos mandados con el sol a toda raja, y sigo sintiendo sentado frente al computador. Estamos a finales de enero, un mes horrible donde lo único importante es la muerte de un par de famosos y las elecciones presidenciales. Pero eso ya pasó, y queda la modorra colgando en el aire; los que tienen que trabajar, trabajan menos o les asignan tareas terribles de inútiles, los que estudian se quedan dormidos con los textos en la barbilla, y los que no tienen que hacer nada cumplen rebien con su rol en la vida.

Tengo una tremenda ventana que mira hacia el horizonte. Si me inclino un poco, puedo ver la cordillera. Pero por supuesto que no voy a escribir cosas bonitas, porque lo único que pienso es en que la puta ventana da con el puto sol prácticamente todo el día, convirtiendo mi refugio y mi centro de producción en un horno asqueroso, y que los retazos del calor se sienten hasta la madrugada. Puta.

Este no es un post ingenioso ni revelador. No estoy adentrándome en las turbias aguas de la psiquis humana, no estoy descubriendo un nuevo profeta al que perseguir, no elevo la crítica a una forma de arte inalcanzable. Este es un post sobre un pobre hueon que se está muriendo de calor. Un hueón que estaría feliz de vivir en esos países del llamado primer mundo no por un sentido errado de arribismo o la posibilidad de codearse con los rubios y rubias del mundo, sino porque el concepto de un país donde te cagas de frío y llueve y nieva y no sabes donde están los puntos cardinales porque está todo nublado le parece increíble. “Que importa”, diría ese hueón, “que no pueda ver lo que está por sobre mi cabeza; el cielo santiaguino es una hueá enferma de fea”.  Un color que describiría como “celeste-guagua, pero filtrado por kilos de smog”.

Quejarme sobre cómo tengo que escribir esto en calzoncillos y un ventilador prendido, solo para soportar la temperatura maldita. Quejarme sobre como ante  cualquier prospecto de salidas se me bajan las ganas en un 50% por la sola implicación de tener que movilizarme con este calor. Podría hablar de cuestiones importantes, donde el esfuerzo humano puede conceder una reivindicación de las condiciones nefastas para el individuo; sin embargo, solo puedo pensar en lo mucho que quiero que sea Abril, y que esto es parte de las entes incontrolables por la mano humano (la mano corriente, al menos), y que no consigo nada con quejarme y escupir al cielo, pero es lo poco que tengo al alcance. De eso es el artículo de hoy.

PD: El episodio de referencia no lo pude encontrar en español, pero aquí se puede ver en inglés.

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(Sí, es navidad. Pero siempre la quise poner y creo que todos deberían oírla y conocer de paso a los Pogues, que además calzarían por ser los reyes de las canciones para curaditos. Y sí, el tema ya está pasadito, pero me daba vueltas hace días y buscaba la mejor forma de abordarlo)

Nunca me han molestado las festividades. No, no soy de los que saltan en una pata, pendiente del último detalle y contando con los dedos cuanto falta para que llegue la hora deseada, pero tampoco soy un Ebenezer Scrooge. Al final son un trámite más que debo sortear.

Navidad y año nuevo siempre me toman por sorpresa, no importa lo ridículo que suene esto. Siempre vengo saliendo de algo, terminando algo, en la etapa crucial de algo. El ánimo para festejar se me pasa por encima. Navidad es ocasión para comprar regalos que serán olvidados al mes y comerme un pavo entero. Año nuevo, por otro lado, es un número más en mi agenda de pendientes.

Nunc se muy bien lo que quiero hacer para año nuevo. Para ser un momento del año que se promociona precisamente por la infinidad de ofertas para salir, recapitular y ponerse como tonto con el trago, yo colapso con tanto elección a mano. La razón es en parte porque no me gusta esa sensación de que estoy forzado a celebrar, que hay que celebrar sí o sí. A mi caso no ayudan los gastos masivos en los que hay que lanzarse para pagar tributo a los sucesos del año; para que todo es demasiado caro, demasiado tramitado. Las calles están bloqueadas, los borrachos andan locos, y la gente se comporta como si fuera el fin del mundo para volver a sus rutinas aburridas partiendo del 2 de enero.

Nunca he sido creyente de la idea que más es mejor. No veo por qué me lo iría a pasar mejor porque hay chorromil fulanos a mi lado. No es el desprecio a lo masivo por sentirme un copito de nieve único e irremplazable; simplemente, no le encuentro la gracia. Llámenme apagado, rancio o lo que sea. Así veo las cosas. Lo que siento en año nuevo es esa desagradable tensión de que debería estar haciendo algo, cualquier cosa, porque es año nuevo. Y no importa lo que haga, siempre habrá algo mejor esperándome a la vuelta de la esquina, una oportunidad que me perdí. Es una sensación neurótica y estresante, pero es MI sensación neurótica y estresante.

Lo más curioso es que, por este año, sentí que no era el único. Quizás no estamos poniendo viejos. Quizás el advenimiento del Tatán nos tiene desvelados. Las ofertas eran pocas, me encontré con más personas en mi misma posición, incluso las calles estaban bastante más silenciosas que de corriente. Sea lo que sea, para parafrasear a un amigo: “Hay 364 días para carretear”.

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