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37. El Sábado nº624

El suplemento El Sábado del Mercurio es parte de mi rutina del fin de semana. Como tenemos suscripción en la casa, siempre tengo el último número en mi regazo, y siempre acabo leyéndolo con o sin interés. La calidad misma de los reportajes salta de un extremo a otro: por un lado, su cobertura de la vida post-terremoto me pareció excelente. O también los apartados que tratan temas internacionales, que suelen ser ignorados por los noticiarios. Por otro lado, tenemos números como los de ayer, que me descolocan lo suficiente como para describirlo en el blog.

Los reportajes se dividen en “lo que fuimos”, lo que somos”, y “lo que seremos”. Para ser breves, me remitiré a los puntos más bajos; “lo que fuimos” está decente. En “lo que somos” tenemos un reportaje post-terremoto, que mencioné que estaba bueno. Cuando lo sacaron, en la edición especial. Es un buen reportaje, pero un copy-paste ya me da malas vibras.

La segunda parte es… un bestiario chilensis. Guao. Este tipo de radiografías es de lo peor, y cada vez que el Sábado saca una nueva, sé que, en algún lugar, un estudioso de la sociedad sufre un ataque de histeria. Son clasificaciones sin ninguna base ni sentido, que cualquier ocioso puede inventar en cinco minutos basándose en sus conocidos. Después se trata de argumentar que existe gente así, como en un libro de pintar por colores. ¿Es usted Neonerd, Foodie, Huasolais? Probablemente no, pero la tentación del “¡Yo soy así”! es demasiada.

Para la reflexión acerca de “lo que seremos”, se nos presenta un manual de Carreño 2.0…no, perdón, “Manual D Krreño”. Excelente. El autor nos otorga consejos tan vitales como usar el ringtone más fome posible, poner cara de poto en el perfil de facebook o el uso de apócopes, acrónimos y siglas en Twitter. Se nos recomienda discresión en toda situación posible, fidelidad y educación. Esto no suena tan mal: será mejor que saqué esa foto mía en Facebook montando un cocodrilo y alzando una Kross al aire. En verdad no quiero extenderme más en esto.

Pero no todo es chacota en este número. Para “el hombre del tricentenario”, el autor se pone las pilas y realiza una admirable compilación multidisciplinaria, con nombres como Esteban Calvo (sociólogo), Pablo Guerrero (ingeniero civil electricista) o Rodrigo Tisi (arquitecto). Las distintas fuentes se contrastar e hilvanan un relato de las transformaciones que Chile adaptaría al llegar al Tricentenario. Tanto esfuerzo por conseguir una visión fundamentada del futuro paga cuando el autor utiliza, como marco de referencia, un retrato futurista.

¿En serio, El Sábado? ¿Esa es la ruta que vas a elegir? Porque tenía la impresión de que este tipo de visiones dejó de tomarse en serio hace 40 años. Acá prefieren ignorar eso y presentarnos un diagrama del barrio del futuro, abrazando todos los tropos asociados al futurismo más patéticamente optimista, con joyas como pastillas de comida o microchips de rastreo. Y por sí no se notó por el tono, encuentro todo esto más cursi que la cresta.

Viéndolo de otra forma, quien escribió esto tiene que tener unos huevos bien duros como para presentar frases tales como “en vez de televisores habrá hologramas o lentes”, o “labores como la de una nana serán reemplazadas por robots” con una cara completamente seria. Aplaudiría este ejercicio retrofuturista si no fuera tan imbécil y desmotivado.

Tl;dr El Sábado de este sábado es un ejercicio de flojera, intentando canjear información y reflexión por el nebuloso concepto de “chilenidad” (que me guardo para la semana del diesiocho)

36. Enanos de Claro

Estaba recordando los orígenes de este blog, cuando era un jovenzuelo con sueños de ser el Charlie Brooker chileno. Pensé en cómo llegué al título que me haría famoso, y en el logo que me serviría de mantra durante el siguiente año. En esas fue que percibí algo que no andaba bien: la parte de “quejarse” la tengo en el bolsillo; pero la parte de “tonterías que nadie percibe” me está fallando, con temas como los medias y la política que interesan a un público consciente. Para corregirme, se me ocurrió escribir de algo lo bastante insignificante como para que nadie simpatice mucho. Digamos que es una vuelta a mis raíces.

Como dije, no soy muy de ver televisión. Eso no significa que en tiempos muertos no la prenda. O a veces alguien más me pide que la ponga, para ver las noticias, dejándome vulnerable a la basura que no quiero ver. Los comerciales son lo peor: un desfile de poca creatividad, cancones robadas y demandas por comprar cosas que no necesito y que no tengo plata para. Podría estar escribiendo todo el día sobre comerciales malos, yo creo. Ya se en que basura quiero gastar, gracias. Pero por alguna razón, esos comerciales de Claro siempre me dejan un sabor extra rancio en la boca.

Primero eran esos en blanco y negro donde salía gente famosa o casi famosa. Pero para el Día del Niño, se les ocurrió poner a un pendejo que no tiene ningún chiste o procedencia, haciendo poses top tipo Benjamín Vicuña, haciéndose el bakán y recordando a los papis que él ya está grande y merece su propio súper celular claro (¡y con helicóptero de palo de regalo!). Patético. No me imaginaba que podría ser peor. Debo tener poca imaginación comparado con los maestros marketeros.

La segunda enana, la de Mi Primera Banda Ancha, es peor. Con una voz proto-pelolais no recomienda, DEMANDA que el papi no la considere como cabra chica (¿tenemos argumento para esto?), y que en su autoridad como casi-adolescente requiere de: 1. Mesada más decente; 2. Quedarse sola en la casa; 3. Invitar amigas a la ídem; 4. No más rosado; y por último 5. Dame banda ancha (y TIENE que ser Claro).[1] A continuación nos recuerda que es la más popular en la clase, lo que le permite atribuirse poderes omniscientes por sobre sus padres y recibir sus regalos… quiero decir derechos divinos. Con esa justificación final me cagó el escrito… excepto que no.

Pendeja: ¿A quien le hai ganado? No capto exactamente a quien va dirigido el comercial, si a las niñas para que aprendan a exigir cosas que no necesitan, o a los padres para que teman que sus niñas ya no los quieran. Salvo la oferta de internet ilimitado para sitios educacionales y hueá, dudo que sea el caso de lo segundo. Solo me queda la imagen de una pendeja que exige derechos de adulto haciendo básicamente como una pataleta. Mi lado más loco se la imagina en 15 años más, maraqueando como una experta.

ESTOY VIEJO Y QUE 😛

PD: Acabo de pillar la franja de la SERNAM. La intención es buena y todo, pero de veeeeeeeeeras no creo que esas cosas se enseñen en un spot.


[1] Puse la tele exclusivamente para poder copiarlo textual. Ahora dan Infieles, que no sabía que seguía y que me tinca que se acabaron las ideas hace rato: ¿Cultistas? ¿Suegras peleando por un consolador? ¿En serio, Chilevisión?

35. Teleseries

Con un poquito de orgullo digo, cuando me preguntan en materia de teleseries, que la última cosa que vi con algún intento de seriedad o continuidad fue Amores de Mercado. Orgullo por el ridículo sentimiento de superioridad que nos invade a los que nos manejamos por la vida con el mínimo contacto posible con la televisión.

Para empezar, los trailers. Odio como año tras año montan artilugios distintivos con trucos locos de cámara y situaciones dispares, para que el producto final sea lo mismo: cámara singular, un escenario, gente hablando encima con música de fondo a menudo robada de producciones harto más entretenidas. Para el tonto que no está acostumbrado a esto, se siente como un engaño. Me ofrecen algo que no es.

Pero más que eso odio a los personajes que me obligan a seguir, a sus relaciones vápidas y sus relaciones insípidas. Cuanto tengo la oportunidad de preguntarle a gente inteligente que me explique de forma racional qué los hace seguir las teleseries (y los realitys, de paso), la respuesta con que me salen más seguido es que quedan obsesionados con saber qué pasa con los dramones de los personajes. Intenté verlo de esa manera, y no me funciona nada. Los personajes no me agradan o desagradan, solo interactúan sin un desarrollo o caracterización, conversaciones fomes de gente que preferiría ignorar si me agregar a Facebook. Para mí, tan sólo consisten en actos consecutivos, sin un contexto que me den las ganas de seguir lo que pasa. Si es para vivir sin contexto, entones prefiero ver Yingo. Contexto: TETAS Y POTOS, sin tener que racionalizarlo mucho.

Pensando ya en explicaciones más cabezones, me inspiré con la presentación del libro ¿Existen individuos en el sur? Danilo Martuccelli dijo inexactamente: “En Latinoamerica la capacidad narrativa está por encima de la introspección”. Dada la tradición oral, importa más el relato de eventos consecutivos. Quizás también supera a la necesidad de coherencia interior que usualmente se demanda en la ficción; esto es, la necesidad de que el mundo ficticio que se nos presenta debe ser creíble para la audiencia, desde la creación de personajes que validemos como humanos hasta la plausibilidad de las situaciones.

Incluso en las historias más fantásticas esto es cierto: en las historias de Asimov las tres leyes de la robótica son inquebrantables, en el universo de Harry Potter todo conjuro A produce el efecto A’[1]. Hasta en la lucha libre los combos, patadas y chupapotos se enmarcan en un relato mayor, un desfile de relaciones y traiciones que sus seguidores reconocen y responden, con tragedias que Shakespeare aprobaría. Las teleseries, en mi opinión, buscan esto sólo en un nivel secundario.

Otros países manejan esta carencia con mejores soluciones: Brasil tiene los valores de producción impresionantes y la historia social; Argentina hace guiones que, quien lo diría, son en efecto buenos; Venezuela y Colombia juegan con sus exageraciones y extravagancias para crear obras maestras del placer culpable. En serio, he sacado más entretención de Mujer, rompe el silencio que de cualquier producción nacional.

Pero parece que los ratings ya no son lo que eran, y las teleseries no son el tema obligado de la conversa mañanera. A lo mejor las nuevas generaciones empiezan a compartir mi aburrimiento con las teleseries. A lo mejor prefieren el sinsentido absoluto de gatos saltando en cajas de cartón y personas cayéndose que ofrece Youtube. O a lo mejor descubrieron que las tragedias suyas y de sus amigos dan mejor material que cualquier idea televisada.


[1] Si me equivoco en esto, corríjanme. Lo que se de Harry Potter, sólo lo se por osmosis cultural.

[extra] Infomercial

Por algo no estudie publicidad…. creo que nunca mencione que también escribo cada año bisiesto para La Pala, un blog dedicado a la… ¿sociología alternativa? No se, descúbranlo por su cuenta.  Porque es  más que un blog, también hacen de revista virtual y tienen muchos planes para el futuro. Aquí estoy yo, si alguien quería saber. Y de paso, aprovechan de leer otros autores macanudos que hablan de cuestiones sociales y otras yerbas.

Saludos a los que andan por ahí. Y no le tengan miedo al botón de comentarios poh.

34. Lavín

Tenía mis dudas sobre si escribir sobre nuestro queridísimo ministro de educación. Primero, porque no se me da tocar temas de políticas, me siento inferior haciéndolo y hay muchos que lo harían mucho mejor. Segundo, porque Lavín es un blanco demasiado fácil; tiene tantas fuentes desde donde sacar errores y horrores que existe poco talento en hacerlo. Veía esto todo el tiempo con, por dar un ejemplo universal, George Bush. “Bush es un imbécil” era un absoluto en los media, y cualquier mediocre podría incluir su pedacito de sátira para parecer inteligente frente al resto de sus detractores (e.g. todo el mundo).

…pero me sigue llamando. Algún extraño designio celestial continúa guiándome a ser testigo, una y otra vez, de cada nueva acción de Joaquín Lavín. Pasó esta misma mañana, determinando que iba a escribir para hoy: tomaba mi té caliente viendo algunas noticias para ver que pasaba con los mineros atrapados (crucemos los dedos ahí), cuando aparece el Innombrable, sonrisa de plástico bien enfundada, hablando sobre su último plan de educación. El último plan, como sabrán, consiste en convertir la educación del futuro en la mejor posible. ¿Cómo se propone esto? Ofreciendo becas de excelencia para estudiantes de Pedagogía para las que tengan 600 puntos o más en PSU, y que cubrirían el total de la carrera. ¿Cómo se le ocurrió? No recuerdo la cita textual, pero la lógica era algo así:

“La educación es mala porque los que salen de Pedagogía tienen malos puntajes. Si regalamos esa formación a gente con buenos puntajes, y atraemos harta gente para que haya competencia en el rubro, saldrán mejores pedagogos”.

Yo no estudié economía ni nada, pero la razón no me hace sentido; partiendo de que el aumento de gente calificada no cambiaría por sí misma los sueldos en pedagogía. O que formar más profesionales no sirve mucho si ya hay desempleo en el rubro. Va más allá del dilema Chicago vs. Viena, e incluso Izquierda vs. Derecha (si en su propia alineación tiene detractores): es una propuesta que no tiene sentido en la vida real. Por eso no quería meterme en eso.

Pero sigo volviendo a él porque me obnubila… no entendía a Lavín cuando compré el panfleto de Ávila (que debo tener por ahí, pero que no recuerdo el nombre y no lo encuentro en internet) listando una a una sus propuestas de las elecciones 2000 y lo ridículas que eran en la realidad; no lo entiendo ahora cuando pretende crear un desajuste económico sólo para beneficiar al área que es su responsabilidad. Es como un robot intentando replicar la lógica humana: en apariencia funciona y puede ser creíble, aunque de una forma funcionalista y populista. Pero basta una mirada rápida al núcleo, al pensamiento que lo llevó a proponer X o Y, y me encuentro con un individuo que (más allá de los ganchos posibles al economista) no llega a comprender del todo el comportamiento humano. Se parece bastante, pero no lo es; una especie de valle inquietante de la lógica.

En un carrete que estuve se comentaba el rumor de que, gracias a la gerencia de Lavín, en el futuro no existiría Becas Chile como la conocemos, y que a partir del próximo año se ofrecería un excelente sistema de préstamos bancarios. Con cualquier otro me hubiera reído de lo absurdo del rumor. Con Lavín, sinceramente nunca se sabe.

33. Pseudo-ñoños

Entonces… lo siento por ese mes afuera, pero el trabajo se me subió a la cabeza y las típicas excusas. Si sirve de algo, estuve en entrenamiento zen y hueás para afirmar y amplificar mis habilidades con la prosa. Así que si aprecia, algún cambio, comente (su comentario es mi sueldo). Tal vez no hoy, porque estoy calentando los motores. Pero sí la próxima semana, porque juro que voy a apegarme a mi racha.

¡Oye, tú! Sí, tú, el con cara de idiota[1]. ¿Sabiás que, hoy en día, ser ñoño equivale a ser cool? Es un fenómeno que fue implantándose despacito en la cultura, desde principios del 00’. El ñoño cool es quien configura tus torrents para bajar música a chorros, te presta la Xbox y tiene gustos tan eclécticos que tiene algo de admirable. Entiendo si no es algo reconocible, porque no es algo que vaya a salir en los noticiarios o las teleseries. Pero como lo único que aparece en los medios principales de la nación son formas de andar cagado de miedo por todo y con todo en la vida. Así que me perdonan si no pesco mucho en qué anda lo local. Pero no creo que sea tan ajeno: en más de una conversación me he topado con que el “que eres nerd” apela, por encima de las usuales burlas, unos chispazos de afirmación.

Si lo piensan bien, tiene su lógica. Los ñoños son inteligentes, y quien no quiere ser inteligente. Los ñoños son adorablemente estrafalarios, cosa que apela a la búsqueda desesperada de nuestras generaciones por rasgos que te distingan como individuo único e irremplazable. Los ñoños hacen buena plata, lo que se describe solo. Los ñoños salen de su cascarón chocante para convertirse, a través de años de luchas contra una baja autoestima e incomodidad social, en personas felices, bien integradas y emocionalmente completas. Es un tipo de anticonformismo inocuo que produce admiración en más de algunos.

Entren los pseudo-ñoños. Como cualquiera que vivió estos últimos veinte años sabrá, cualquier expresión anticonformista, por muy pequeña que sea, genera seguidores ávidos de ser ellos un dedo en el medio para el sistema. Y como siempre, dentro de los seguidores hay un grupo grande que preferiría alargar ese dedo desde la comodidad de sus hogares, reemplazando creatividad genuina en pos de una débil identificación autogratificante. Si lo pongo así, suena tentador. ¿Por qué debería importarle esto a alguien? No lo se. Me da curiosidad, igual que tantas otras cosas que escribí. Me hace gracia que lo nerd sea la subcultura dominante del siglo XXI, y si fuese cierto diriía bastante de los tiempos actuales.

Hace poco se me ocurrió pasearme por un blog donde tiraban mierda contra XKCD, una tira cómica en internet que parece ser un atrayente mayor de pseudo-ñoños. Es chistoso ver a los ñoños de verdad discutiendo por los imitadores. Una rabia extraña, pero como alguien comentó: “Ser ñoño es una realización a partir de la falta de tacto social, y nos ganados nuestro mundo privado a la fuerza”. Me convenciste, amiguito.


[1] JAH JAH, te hice mirar.

Las cosas indies están de moda. No es ninguna revelación decirlo; creo que al expresarlo en palabras debo haber matado un poco de su onda. En estas historias descubrimos la épica de adolescentes raros (y cada vez más adultos jóvenes raros) encontrando su lugar en el mundo, o al menos gente que acepte sus rarezas con una sonrisa de oreja a oreja. Después leemos algo sobre el autor en cuestión y descubrimos que la historia en cuestión es tan poderosa porque viene de la experiencia misma, cuando ese autor era un loser en la escuela, las chicas no se fijaban en él y hasta los del club de astronomía se reunían para reírse de él. Hasta que se convirtió en artista, grupo social donde su rareza es percibida como capital social valioso. Una historia inspiradora, que leo… una y otra vez, al punto que me está hartando y me dio por escribir esto.

Es un cliché inevitable, que agarra su forma natural por una serie de relaciones causales que voy a explicar paso a paso:

1) Todos saben que el arte más sincero consiste en exploraciones adustas sobre la fragilidad humana. “True Art is Angsty” dicen los anglosajones;

2)  El arte imita a la vida, por lo que las tragedias ficticias deben ser reflejo de los conflictos internos del creador;

3) Sin embargo, también es cierto que para ser artista en este mundo competitivo hay que tener un piso por debajo. Por tanto no es raro que el artista provenga de un medio estable, una clase media o media alta acomodada. ¿De donde sacamos Angst de un ambiente tan normal?;

4) La respuesta es sencilla: sacar energías del periodo embarazoso y torpe que es la adolescencia. Es de acceso masivo y fácil para la mayoría ponerse en sus zapatos. Haber sido loser para transformarse en alguien de renombre ciertamente da un aire de dignidad.

Para que no me acusen de cosas que son, diré que, como todo en la vida, esto no es malo de por sí. Puedo decir que sí es objetivamente malo cuando el artista en cuestión recicla ese mismo tema una y otra vez, negándose la moratoria de un desarrollo pleno. Es malo cuando es imposible diferenciar entre las características malas y el preciado Quirk.

Tomemos como ejemplo Judd Apatow, guionista/productor/director y ex loser por excelencia. La producción Apatow de por medio tiene de protagonista a un niño-adulto sin sueños, dinero ni ambiciones, que se ve presionados a madurar por su estadísticamente imposible polola. Despues de tribulaciones y chistes verdes, él crece un poco y ella aprende a aceptar el poder de ser raro. Todos lo aman. Fin. No se ustedes, pero me sabe a un cumplimiento de deseos por parte del autor[1].


[1] De su obra, las que en verdad me gustan son Freaks y Geeks, que tenía la postura tragicómica de una mirada sincera, y Virgen a los 40, donde el protagónico (Steve Carrel) de verdad te vendía la imagen de alguien de quien quisieras ser amigo, y un objeto de interés romántico para ellas.