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Posts Tagged ‘adultez’



Truco barato pero efectivo para empezar un texto:

dicotomía.

(Del gr. διχοτομία).

1. f. División en dos partes.

2. f. Práctica condenada por la recta deontología, que consiste en el pago de una comisión por el médico consultante, operador o especialista, al médico de cabecera que le ha recomendado un cliente.

3. f. Bot. Bifurcación de un tallo o de una rama.

4. f. Fil. Método de clasificación en que las divisiones y subdivisiones solo tienen dos partes.

Las dicotomías se escabullen por donde sea en la vida cotidiana, como pequeñas vocecillas que ayudan a caminar derecho por un mundo torcido de complejidad. En un mundo que condena a elegir constantemente entre múltiples elecciones, cargadas de disyuntivas confusas y terribles, facilitan el quehacer ordinario al simplificar opciones hasta la bifurcación atomizada.  En general, contribuyen a hacer el día más fácil. Excepto cuando no.

¿A quién no le ha pasado que un tema político complicado se hace cómodo por no querer quedar entre los fascinazis o los comeguaguas?¿O sí la vocación está entre ser un espíritu libre o un ladrillo en la pared? Y no me hagan empezar con los feudos entre indios y chunchos. Estas dicotomías empeoran la situación porque, en vez de liberar esclavizan. La razón más común de estos problemas se da en que la partición se dio en un momento en que eran necesarias; pero ese ya no es nuestro momento. Ese fue el mundo de nuestros padres: tiempos difíciles en los que las ideologías florecían y las gentes nacían y morían en nombre de su facción. El ejemplo más triunfante es la dicotomía entre Capitalismo y Socialismo. Incontables fueron los escenarios en donde la decisión inadecuada tenía consecuencias bien feas.

Creo que la mayor culpa de que esto sobreviva aún son los gringos. “Uf, que pesado”, me dirán. “Empezó el discurso anticapistalista anarcotropical”, dirán otros. Y bueh, que quieren que le haga si son así. A la gente de USA les encantan las dicotomías: Republicanos vs. Liberales, Coca vs. Pepsi, Cool vs. Looser, Aliados vs. Eje, Nintendo vs. Sega. Los gringos aprender de chicos que, en todo ámbito de la existencia, existen dos y sólo dos partidos que tomar. No me pregunten por qué; debe ser una cosa protestante. Los DESAFÍO a que hagas que un metalero norteamericano admita que igual se pega su reggaeton los viernes por la noche. Cuéntenme cómo les fue, después de aprender a hablar con una bota en la garganta.

Pero lejos lejos lo peor que trae esto es el efecto sobre uno mismo. Usted también. Lo peor es la cantidad de oportunidades que se pierden por pensar que la decisión ya está hecha. Porque nadie avisa ni enseña que hay millones de elementos diminutos que dejan múltiples opciones para trabajar alrededor. El ejemplo que muchos les llegará al alma es ser joven; que, según nuestras dicotomías, se hace imposible cuando se es adulto. Cuando aparecen las camisas y corbatas en la gaveta, muchos se resignan y empiezan a apreciar el sabor del vino finoli. Comenzar algunos rituales adultos significa para muchos abandonar de un tirón todo lo que los identificaba como joven, más allá de las obligaciones que un cubículo impone. Pero tal es la ley que impera, y se acepta sin cuestionar.

Sí es que tengo algún peso en este mundo como comentarista social, háganme un favor: la próxima vez que les pregunten si el Colo o la Chile, por favor… POR FAVOR exalten las magnánimas bondades del Tricolor de Paine.

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Eres un niño. Quinto, sexto básico… no, mejor empezando la media, porque allí es cuando empiezan a notarse las diferencias que impone la sociedad sobre uno y otro, y empiezas a darte cuenta de que tus compañeritos de curso no necesariamente van a terminar haciendo lo mismo que tú, y algunos están destinados para la grandeza mientras que el resto aprende a patear sus primeras piedras.  Estás en un periodo único, donde vas a experimentar los primeros pasos de cosas que vas a hacer por el resto de tu vida, más algunos otros que nunca más tendrás la oportunidad de vivenciar. La juventud no se acabará nunca, el rock and roll suena fuerte en la radio, tienes la semana por delante… excepto esa prueba culiá de la vieja que te tiene mala.

¿Qué no hay por odiar de un examen final? En el colegio –y la universidad para unos cuantos –es la fuente número uno de uñas mordidas y frenesís de chocolate. Pueden abordarse desde varias posiciones: aprenderse hasta los pies de notar, repasar en la última hora, parasitar de los más mateos o no darle importancia y dejar que el promedio final lo arregle todo. Pero el resultado es el mismo: una sensación de alivio por un par de días, seguido por la angustia del tiempo perdido y la conciencia de que se viene otro más en unos días.

Desde que tengo memoria que odio todo tipo de prueba por ser una medida estandarizada e incorrecta para demostrar la inteligencia. Pero más que nada los odio porque son inútiles y no dejan ninguna lección importante[1]: el conocimiento supuestamente ganado queda enterrado en el subconsciente más íntimo e inaccesible; no queda un rastro tangible desde donde se pueda desarrollar y evolucionar las habilidades personales; ¡Ni siquiera son económicamente viables, por Dios Santo! Y todos sabemos muuuuuy bien que si algo no genera platita, entonces no vale la pena. Un examen es cómo pagar cuotas a crédito: no lo haces para construir un futuro a largo plazo. Lo haces para que no te metan en Dicom y te caguen. Es supervivencia cortoplacista pura, un estado del ahora constante que dura década y media. Y después se quejan de la fluidez moderna…

Quizás el mayor demarcador que pueda existir para asegurarse la vida adulta es que ya no hay obstáculos objetivos para comprobar los conocimientos y habilidades poseídas,  y se llega a un punto en la existencia personal en que cualquier problema que surja es pasable con una buena engrupida. La clave para ser un adulto efectivo es fingir el conocimiento por encima de, ehhh… conocerlo; y de eso tenemos montones de historias inspiradoras por parte de gente que fue mediocre en la escuela.

He tratado cantidad de molestias chicas, grandes, feas y tontas en este blog. Los exámenes cabe dentro de una categoría particular: las molestias naturales. Cuestiones como los exámenes son una molestia que se camuflajea en el paisaje natural porque son parte de la vida, como la sensibilización del colon. Un fenómeno tan asquerosamente normal dentro de las experiencias de cada uno que hacerse la pregunta resulta redundante y estúpido y tus amigos no quieren hablarte más. Total ya di el examen y hay que celebrarlo.

Para eso estoy yo. El estúpido que insiste en hacer las preguntas.

(Y aquí van mis condolencias hacia los estudiantes de derecho y la violación anal que tienen por examen de grado).


[1] Bueeeeeeno, comprometiendo… tal vez disciplina y esas mierdas.

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