Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘autoridades’

TrainPassengers

¿Qué, creían que solo tenía en mente regodearme en mi crapulencia intelectualoide al armar este blog? No, los ámbitos del hombre ordinario también me hinchan las pelotas.

Del metro hay para hablar a ratos, tanto que habría que darle las gracias por unificar a la población en un solo corpus de gestos fruncidos y olor a mazapán. Diría que lo esquivo en horario punta como quien arranca de su crisis de mediana edad. Diría que hace tiempo que dejó de ser divertido jugar al Tetris humano. Diría –y me odiarían por esto –que la falta completa por empatía hacia el otro y la negación por orillarse a la orilla cuando entra pelagato tras pelagato inmóvil en las puertas, obnubilados por el estado de un mundo ingrato y caótico, debe ser la mayor prueba de porqué nunca tuvimos una sociedad civil. Empero, como sapiens bien entrenado, me acostumbro.

Pero cuando hay que cambiar de estación, el odio y la repulsión me vuelven: como un bastardo recordando las bodas de plata que nunca fueron; como el olvido de tantas menucias diarias en un movimiento de palanca; como un palo con una caca en la punta. En esos breves instantes en que por cortesía debo olvidar la conciencia y obedecer a un pelotudo con megáfono, dictando todos y cada uno de mis pasos. Que por favor no cruce la línea amarilla, que no me quede parado en los vagones vacíos; que saltar a las vías consiste en una grave ofensa al funcionamiento del metro, seguido por mi muerte.

Y la gente no ayuda. Manadas y manadas de inconscientes deambulan atontados, lanzándose como animales hacía las escaleras eléctricas –porque, ¡Oh ironía! Sólo un animal se desplazaría por la fuerza de sus propios músculos. Los guardias del orden se aseguran de controlar mis movimientos, pero la masa ciega me recuerda que la alternativa es peor. Volviendo a la analogía anterior: como un palo hecho de caca con una caca distinta en la punta.

Son los cambios de línea los que me hartaron del metro; yo, que tantas flores le dedicaba en mis años mozos. Los constantes zumbidos del altavoz, recordándome que después de pisar con el pie derecho, sigue el izquierdo. Los detesto y los aborrezco, y son como las hueas. No debo ser el único que piensa así.

Anuncios

Read Full Post »