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Posts Tagged ‘Cine’


A continuación presento algunas ideas que nunca dieron para un artículo completo. Como plus, se me ocurrió ver si podía describir mi molestia en 140 palabras o menos. Digamos que estoy testeando mi mentalidad 2.0 (¿2.1? Gurúes de los new media, corríjanme si me equivoco).

Ke$ha: Es la frontera final sobre cuánto puedo aguantar en la música pop. Pasamos de lo grandioso (Michael Jackson, Madonna) a lo no tan bueno pero que sirve como placer culpable (Spice Girls y Backstreet Boys) a lo insoportable por sí mismo pero que igual cunde en la pista de baile (Spears y Aguilera) hasta que cruzaron el horizonte moral y encontraron una… -me niego a llamarle cantante –que me lastima físicamente. Esa voz que hace en Blah Blah Blah me hace desear ser el Hombre Elástico para poder patearme mis propias bolas y sentir algo un poco menos doloroso que la voz de Ca$ha (soy clever yo). Es como si la música pop como conjunto me estuviera provocando con lo mala que puede llegar a ser.

Centralismo de las películas chilenas: Lo primero que destacan los chilenos de Chile son los paisajes. Raro es entonces que cuando hay que hacer películas en Chile, los escenarios se reducen salvo excepciones a: A) La población olvidada por el Estado; B) El barrio más siútico de Santiago tratando de emular un suburbio medio gringo. ¿Dónde están los desiertos más secos, las junglas subtropicales, la estepa austral? ¿Se ganan Fondarts enteros pero no se pueden costear un pasaje de 15 lucas a Valdivia? Entiendo que hoy en día la inspiración se saca más que nada del cine indie norteamericano, pero no creo que sea escusa para no abandonar el barrio del director.  Y hablando de escenarios A y B, ¿Cómo es que no hay punto medio? O El Volcán o Lo Barnechea. A lo más, Providencia.


Comerciales de Falabella: en el contexto de que estamos en un país clasista que siempre mira hacia arriba, obsesionado con el prototipo ario y la superioridad protestante… hasta esto es como mucho. Cuando los mostraron en Perú, los peruanos se indignaron con lo que para nosotros es ya una costumbre. Si Leni Riefenstahl estuviera viva (y si el ejecutivo promedio tuviera la cultura como pa’ saber quien es Leni Riefenstahl), seguro que le ofrecerían un jugoso contrato. Por otro lado, con los copiones que son los comerciales, quizás ya estamos viendo calcos de Olympia. Guao… hablando de violencia simbólica.

Anunciar molestia nueva por Facebook: Todo el mundo lo hace. Anunciarse es parte vital del mundo 2.0 o 2.1 o guaréver. Es una herramienta reconocida y elemento vital dentro de las teorías del personal branding y otras yerbas. Y según los datos de visitas diarias, funciona. Sin embargo… a mí –la persona que está escribiendo esto, porque detrás de los blog, flogs y tweets hay personas de carne hueso – todavía me da vergüenza. No debería, pero me da. Es triste pero cierto. Otro retazo más dentro de los fragmentos de historia personal que pueblan este blog temático.

¿Soy material para Twitter? Deje su opinión y velitas.

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¿Otra vez hablando de cine? ¿Qué pasa Nico, se te acaban las ideas? ¿No que eras  el mesías de los elementos insufribles e incomprensibles, el único capaz de dedicarse seriamente a deconstruir las mezquindades imperceptibles para el ojo humano corriente y no-neurótico? Pues cambiando de tema para no tener que responder y lastimar mi autoestima, creo que mi experiencia extensiva en cuanto a imágenes cinéticas –adquirida por el simple precio de centenares de fiestas locas y sexo salvaje… pero no me arrepiento de nada, ¡lo juro! – me da un amplio bagaje intelectual del que hablar. En pocas palabras: muchas películas, muchos problemas.

En algún singular momento en la historia de las hueás con arte, a algunos se les ocurrió que alienar al público mostraba sensibilidad artística. Las escenas contemplativas, los paisajes hermosos, las caras congeladas, las miradas distantes hacia un futuro incierto y una conclusión acelerada: todos elementos que te dicen que la película fue “MUH WENA”. Independientemente de si te cambió la vida o si te produjo algo o si la verías de nuevo. La película es buena porque tenía los factores a contar para calificar si una película era buena o no. Suena increíble que hayas fórmulas para hacer films amados por todo el mundo, pero las hay. Y cuando dejamos que la idea misma de… buenitud supere a lo que dicta el sentido común. Esto es, el sencillo hecho de que me aburrí más que bailar con la suegra viendo este bodrio, pero como es ARTE debo ser yo el pacato que no entendió.

El argumento suele apuntar a que se rescata la ambientación de los grandes clásicos del cine. Lo que es un argumento perfectamente válido cuanto el interlocutor no tiene idea de lo que le están hablando. Es una estrategia brillante, porque desafía al instinto humano, comprensible y natural de pretender saber más de lo que se sabe, y evitar cualquier papelón asociado a la ignorancia. Por ejemplo, dos nombres que suelen tirarse a la parilla: Ingmar Bergman y Jean Luc Goddard. Un cinéfilo sin ánimos de superioridad -¡suerte encontrando uno! –les informaría que estos señores eran en lo absoluto lateros: Bergman era pausado, pero su sentido del tiempo no solía distar del formato seguido por cualquier clásico hollywoodense cincuentón, y los planos contemplativos se relegan a partes muy especificas; en cuanto a Goddard, el sentido de aburrimiento se desvanece en cuánto empieza a apreciarse cuánta hueá loca sucede en sus films.

Un consejo: Que no digan de tu película: “MUH WENA”. Que digan: “Me gustó”, o “me hice caca de la risa”, o “lloré como pendejita”. Es como cuando en el colegio no enseñan que se debe leer el Quijote o el Lazarillo de Tormes para mearse de la risa, y no para poder decir que sí he leído el Quijote o el Lazarillo de Tormes. Cualquier impacto en el público, por malo que sea, es mejor que ese hoyo negro conocido como la banalidad.

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El fin de semana me invitaron a ver La Nana. ¡Qué asco ir al cine en tiempos de crisis! Colas, colas y más colas. Para comprar boletos, para entrar a la sala, para ir al baño, para gastarse las moneditas sobrantes en una bebida con el kioskeko de la esquina porque adentro la bebida es cara y sale toda aguada. Tenía a mano el dato estadístico que la gente asiste más al cine en tiempos de crisis –como método de entretención familiar barato –pero… ¡Hueón! Y después reclaman por el metro, cuando las colas las hacen voluntarias.

No es el tema de hoy. Tampoco lo es la calidad de la película misma (cuyo contenido, debido a la clausula de este blog de ser terrible de mala onda y hablar de cosas no me gustan). El tema de hoy es mi molestia hacia los presupuestos elefantiásicos que hay detrás de las películas, y del resultado de los espectadores vemos después. Sin embargo, no es la molestia que usualmente me incita a salir a la calle y lanzarme a la estación de metro más cercana con un cargamento de C4; proviene más de una molestia propia de admitir que no lo entiendo todo en este mundo, cosa que negaré hasta mi fría y solitaria muerte (o cálida y concurrida, dependiendo de si el escenario del C4 llega a cumplirse).

Sencillamente, no me calza. ¿Tan necesario es el patrocinio de 20 entidades distintas para sacar una sola película con la cámara al hombro, sin trípode, un solo escenario y un par de actores? ¿Exactamente dónde se va esa plata? De nuevo, esto es independiente de la calidad del filme. Pero si, por ejemplo, Chilecompra se perfila como una herramienta que revolucionará las actitudes del gobierno y que se veía necesario desde hace años, entonces no veo por qué no se puede hacer la misma pregunta al respecto de nuestros queridos artistas. Al fin y al cabo, esa es también plata de todos los chilenos.

Pero dependiendo de la respuesta que pudiese tener, tendríamos un cabroneo a full.  Leyendo una cuestión sobre una cuestión, me topé con cierta persona anónima, hablando sobre los resultados del Fondart: “Además de esto, me parece criticable el “premiar” con más de 100 millones de pesos a ex integrantes de la Troppa, para que hagan UNA obra y después nos cobren mínimo $7 mil por una entrada para verlos.”

¡OF COURSE! –Dijo Raul Julia -. Tantos años de socialización nos han metido en la cabeza que los artistas son gente con la cabeza en las nubes, que a veces se olvidan esas pequeñas posibilidades. De veras voy a hacer lo mejor posible para ignorar esta idea. Sólo por ti, Sebastián Silva.

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