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Quería escribir sobre las zonas VIP de los conciertos, en general. Pero leyendo comentarios por allí y por allá, me dí cuenta de que las  posturas son un poco más complejas que el rechazo absoluto, y que hay gente defendiendo y atacando por los dos lados. Y no creo que sea una coincidencia que nadie que tenga la plata para un VIP se queje sobre ellos. Y como a última hora pude ir al Maquinaria con un precio rebajado (en general, para que sepan), elegí la ruta fácil y me puse a escribir sobre el Maquinaria. Algunas ni siquiera son molestias, en el sentido que le he dado forma. Pero bueh… un poco de trampita. Estas son ideas que me quedaron flotando en la cabeza. Así que voy a jugar a reportero por un rato:

 

1) Primero, sobre el VIP mismo (o en una estrategia de semántica “zona Rock”): encontré que para esta ocasión, usaron una estrategia bastante decente. En lugar de enrejar la parte más cerca del escenario, marcaron un espacio rectangular que cubría una porción de la cancha, a lo largo de los dos escenarios (imaginen un diagrama de Venn con rectángulos). Me pareció una idea sensible, siendo que dejaban oportunidad para agarrar primera fila a la manada; el VIP era esencial sólo si buscabas verlo absolutamente todo en primera fila. Siendo que la gente sigue pagando VIP y no hay razón inteligente para disociar a las productoras de cortarla con esta práctica, aparte de “ESTAN MATANDO EL ROCK CTM” (ver punto 3).

2) ¿Había un propósito para poner unos cubos gigantes con “salida” marcados encima, justo en frente del escenario, aparte de ser maricones y retribuir un poco al valor agregado del VIP?

3) De a poco estoy aprendiendo a detestar los fanáticos tanto como a las productoras. Se horrorizan de que los cerdos capitalistas se caguen el en espíritu del rock and roll, para que después empiezen a anunciar las bandas y peguen el grito al cielo porque “NO CACHO A ESTOS WEONES”, y “YO ESTOY PAGANDO PARA VER A PIXIES/INCUBUS/LINKIN PARK, DEMANDO MIS DERECHOS COMO CONSUMIR Y LA WEA”.[1] Uuuuuh pobrecito, que lo obliguen a escuchar música nueva. El punto entero de estos eventos es traer conocidos y desconocidos, para minimizar el riesgo y traer música económicamente arriesgada. Comparativamente, no es caro, sobretodo pensando en los precios actuales: doce horas de música a 35 lucas versus, por ejemplo, las 30 lucas que están cobrando por al cancha en Smashing Pumpkins. Así funcionan Lollapalooza, Glastonbury, Coachella, Roskilde, etc. Hablando de ellos, la gente se queja de que el lineup es pobre, mientras que estos festivales tienen mil hueones, aparte de tradición. ¿No se les ocurrió que las tradiciones parten en algún lado? Se quejan de que no hay nada así en Chile, pero después nadie lo quiere pagar.

4) Escenarios azul y verde: pésima idea. No había separación, y el escenario verde, tipo cancha, tapaba al menor escenario azul. El loco de Aeroplane quedó emputecido porque no se escuchaba nada de su propia música. O situaciones raras como que se termine No One Knows y al lado hay un rapero que se jura Gunther.

5) ¿Es tan importante que todos y cada uno de los asistentes se crea documentalista y trate de grabarlo/fotografiarlo todo? ¿Y es tan importante subirlo a Youtube, sin importar la calidad?

6) Adoro a Linkin Park. Adoro cada letra obsesionada por el amor que papito nunca me dio, adoro las emociones sinceras tan exageradas que dan risa, adoro que no entiendan el concepto de consonancia y tiren una intro de guitarras rudas para seguir con una balada de tres minutos, adoro que el vocalista se pegue esos saltitos como si estuviera jugando Zelda en la Wii, adoro que haya una mesa en el escenario que tiene la única función de que el vocalista se pare encima de ella. Estuve en Linkin, grité los coros que me eran familiares hasta que perdí la voz. Hola, mi nombre es Nicolás, y soy un fan irónico hardcore de Linkin Park.

¡CANTEMOS TODOS JUNTOS!


[1] No me refiero al asunto del cambio de fechas de RATM, eso si que fue jodido.

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Voy a partir con una declaración bastante casual: CONSHETUMADRE… no, no, no y no. Algo está definitivamente mal si nos quieren cobrar 24 lucas (lo básico) por unos locos que apenas llevan un disco encima. Es criminal, es una locura, y está funcionando. JUSTICE, el dúo francés que hizo caerse de poto a la escena electrónica hace dos años. JUSTICE, el tipo de evento musical que convoca el tipo de fans que desprecio con altiva pasión. JUSTICE, la banda que te hará irremediablemente cool entre tus amigos shúper. Y la hueá de la cruz es súper simbólica y la hueá.

¿Cuáles son los límites a la hora de crear un evento único? ¿Hasta cuánto pueden subir los precios, efectivamente matando el interés de cualquiera que no sea un fanático a morir? Es como si las productoras se hubieran puesto al día con la nueva postura de tantos jóvenes melómanos, hartos del monopolio del compact disc, que se rehúsan a comprar el formato material y eligen, personalmente, apoyar a sus bandas favoritas por medio de las platas reunidas en conciertos, merchandising y donaciones; una nueva ideología que las discográficas observan con el desdén contenido que se guarda para cuando los niños dicen alguna estupidez con orgullo, irguiéndose para decir: “¿Sabís qué? Chúpalo”, y proceden a castigar al público fiel con precios asesinos. Irrumpir en el departamento de mi abuelita para sodomizarla sería un ejercicio más sutil.

Tampoco me esperaría menos de la banda, cuyo género describo casualmente como “electrónica de estadio”. Siempre tuve mis sospechas: desde ese nombre conceptual con la crucecita hasta el video polémico en los banlieus. Había algo en ellos que nunca me gustó, esa parada de ser más grandes de lo que se merecen, esa actitud semi-artificial de “esta música será icónica/de culto antes que empecemos a agarrar fans”. El disco está bien para escucharlo en la micro, pero hasta ahí nomás.

El tiempo dirá si la fama que se están creando corresponde como debiera. Total, el tipo de gente que atrea JUSTICE no dura mucho tiempo. Hasta entonces, yo me viro.

P.D.: ¿Qué escucho yo? Bueno, ahora mismo estoy rayando con Jonathan Coulton, que es medio antítesis de esto: íntimo, emocional, ingenioso de letras e irremediablemente geek.

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