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Posts Tagged ‘pruebas’

Eres un niño. Quinto, sexto básico… no, mejor empezando la media, porque allí es cuando empiezan a notarse las diferencias que impone la sociedad sobre uno y otro, y empiezas a darte cuenta de que tus compañeritos de curso no necesariamente van a terminar haciendo lo mismo que tú, y algunos están destinados para la grandeza mientras que el resto aprende a patear sus primeras piedras.  Estás en un periodo único, donde vas a experimentar los primeros pasos de cosas que vas a hacer por el resto de tu vida, más algunos otros que nunca más tendrás la oportunidad de vivenciar. La juventud no se acabará nunca, el rock and roll suena fuerte en la radio, tienes la semana por delante… excepto esa prueba culiá de la vieja que te tiene mala.

¿Qué no hay por odiar de un examen final? En el colegio –y la universidad para unos cuantos –es la fuente número uno de uñas mordidas y frenesís de chocolate. Pueden abordarse desde varias posiciones: aprenderse hasta los pies de notar, repasar en la última hora, parasitar de los más mateos o no darle importancia y dejar que el promedio final lo arregle todo. Pero el resultado es el mismo: una sensación de alivio por un par de días, seguido por la angustia del tiempo perdido y la conciencia de que se viene otro más en unos días.

Desde que tengo memoria que odio todo tipo de prueba por ser una medida estandarizada e incorrecta para demostrar la inteligencia. Pero más que nada los odio porque son inútiles y no dejan ninguna lección importante[1]: el conocimiento supuestamente ganado queda enterrado en el subconsciente más íntimo e inaccesible; no queda un rastro tangible desde donde se pueda desarrollar y evolucionar las habilidades personales; ¡Ni siquiera son económicamente viables, por Dios Santo! Y todos sabemos muuuuuy bien que si algo no genera platita, entonces no vale la pena. Un examen es cómo pagar cuotas a crédito: no lo haces para construir un futuro a largo plazo. Lo haces para que no te metan en Dicom y te caguen. Es supervivencia cortoplacista pura, un estado del ahora constante que dura década y media. Y después se quejan de la fluidez moderna…

Quizás el mayor demarcador que pueda existir para asegurarse la vida adulta es que ya no hay obstáculos objetivos para comprobar los conocimientos y habilidades poseídas,  y se llega a un punto en la existencia personal en que cualquier problema que surja es pasable con una buena engrupida. La clave para ser un adulto efectivo es fingir el conocimiento por encima de, ehhh… conocerlo; y de eso tenemos montones de historias inspiradoras por parte de gente que fue mediocre en la escuela.

He tratado cantidad de molestias chicas, grandes, feas y tontas en este blog. Los exámenes cabe dentro de una categoría particular: las molestias naturales. Cuestiones como los exámenes son una molestia que se camuflajea en el paisaje natural porque son parte de la vida, como la sensibilización del colon. Un fenómeno tan asquerosamente normal dentro de las experiencias de cada uno que hacerse la pregunta resulta redundante y estúpido y tus amigos no quieren hablarte más. Total ya di el examen y hay que celebrarlo.

Para eso estoy yo. El estúpido que insiste en hacer las preguntas.

(Y aquí van mis condolencias hacia los estudiantes de derecho y la violación anal que tienen por examen de grado).


[1] Bueeeeeeno, comprometiendo… tal vez disciplina y esas mierdas.

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