Fuentes web
Entradas
Comentarios

20. La calor(eeeeee)

Hoy el termómetro marcó 35 grados. Pude sentirlo afuera, haciendo unos mandados con el sol a toda raja, y sigo sintiendo sentado frente al computador. Estamos a finales de enero, un mes horrible donde lo único importante es la muerte de un par de famosos y las elecciones presidenciales. Pero eso ya pasó, y queda la modorra colgando en el aire; los que tienen que trabajar, trabajan menos o les asignan tareas terribles de inútiles, los que estudian se quedan dormidos con los textos en la barbilla, y los que no tienen que hacer nada cumplen rebien con su rol en la vida.

Tengo una tremenda ventana que mira hacia el horizonte. Si me inclino un poco, puedo ver la cordillera. Pero por supuesto que no voy a escribir cosas bonitas, porque lo único que pienso es en que la puta ventana da con el puto sol prácticamente todo el día, convirtiendo mi refugio y mi centro de producción en un horno asqueroso, y que los retazos del calor se sienten hasta la madrugada. Puta.

Este no es un post ingenioso ni revelador. No estoy adentrándome en las turbias aguas de la psiquis humana, no estoy descubriendo un nuevo profeta al que perseguir, no elevo la crítica a una forma de arte inalcanzable. Este es un post sobre un pobre hueon que se está muriendo de calor. Un hueón que estaría feliz de vivir en esos países del llamado primer mundo no por un sentido errado de arribismo o la posibilidad de codearse con los rubios y rubias del mundo, sino porque el concepto de un país donde te cagas de frío y llueve y nieva y no sabes donde están los puntos cardinales porque está todo nublado le parece increíble. “Que importa”, diría ese hueón, “que no pueda ver lo que está por sobre mi cabeza; el cielo santiaguino es una hueá enferma de fea”.  Un color que describiría como “celeste-guagua, pero filtrado por kilos de smog”.

Quejarme sobre cómo tengo que escribir esto en calzoncillos y un ventilador prendido, solo para soportar la temperatura maldita. Quejarme sobre como ante  cualquier prospecto de salidas se me bajan las ganas en un 50% por la sola implicación de tener que movilizarme con este calor. Podría hablar de cuestiones importantes, donde el esfuerzo humano puede conceder una reivindicación de las condiciones nefastas para el individuo; sin embargo, solo puedo pensar en lo mucho que quiero que sea Abril, y que esto es parte de las entes incontrolables por la mano humano (la mano corriente, al menos), y que no consigo nada con quejarme y escupir al cielo, pero es lo poco que tengo al alcance. De eso es el artículo de hoy.

PD: El episodio de referencia no lo pude encontrar en español, pero aquí se puede ver en inglés.

19. Hablar de política

Una de las reglas no escritas que me propuse para este blog es la Ley del Taxista: acá no se habla ni de religión ni de política. No tanto porque tenga miedo a las controversias que podrían salir al paso, sino porque mis posiciones políticas nunca han sido muy fuertes. O mejor dicho, soy de frentón anti-político. Si me preguntan la razón, tendría que contar una larga larga historia de encuentros y desencantamientos con todo lo que tenga que ver; reducido al factor humano, solo veo luchas entre luchas de poder que me dan nauseas. Lamentablemente esa es la tendencia, y si no sigo las tendencias ya nadie va a querer hablar conmigo.

Punto es: ganó un presidente de derecha, y esa es una hueá así como importante, parece. Sobretodo entre mis círculos intelectualoides –que, a mi pesar, son más de lo que debería -, quienes ya están comprando sus pasajes para el exilio (pero no en LAN porque hay cargo extra). Y bueno, que al hablar sobre lo mal que lo vamos a pasar, salen argumentos que me producen malestares bien apestosos.

Algunas cosas que me molestan de las peroratas políticas:

1) “Si votaste por Piñera ya no eres mi amigo” (alt. “es que la gente no sabe”): esta frase/mantra ya es tan popular que tiene un par de grupos de Facebook a su nombre[1]. Porque nadie sensible sería capaz de votar de derecha; elegiste a Piñera o porque te caíste de la cuna de chico o porque eres interesado y buscas pega nueva. Así que el piñerista pasa a ser el amigo tontito dentro del círculo inteligente. En términos de Highschool gringo (medida universal para los menores de 30), es como el nerd al que otros nerds golpean por su dinero del almuerzo.

Pero peor es cuando lo llevamos a nivel nacional; que ese 51,6% es tonto o interesado, y por tanto “no saben lo que hacen”. Acá renace mi imagen del oxímoron de los comunistas con plata que van a la pobla a decirle a los pobres lo que tienen que hacer, haciéndose los locos con la idea de que ya no tienen autoridad por sobre nadie. Claro que la historia demuestra que las mayorías no siempre achuntan, pero a nadie le cae bien que anden jugando al patrón de fundo.

2) “Todo va a ir para peor”: Está bien no tragarse el slogan del cambio, pero tampoco hay que rezar por el status quo. Les pido seriamente considerar si estábamos tan bien como para lamentar lo perdido; si no había pobreza ni enfermedad y la caca de perro olía a naranjitas. Esto es complicado, si ya se está hablando de minimizar el presupuesto del FISCO para obras sociales, así que mejor me callo.

3) “Se viene la corrupción”: porque TODOS SABEMOS que la concertación era limpia y pura, y las personas de izquierda lo único que quieren es cumplir con su rol designado por naturaleza de proteger a la humanidad, y que una persona no derechista que haga las cosas por interés personal es una aberración de Dios. La mezquindad humana no distingue entre facciones.

Lo íronico de todo este blablablín es que odio al Piraña y no voté por él. Pero al otro imbécil lo odiaba también así que terminé entrando en una especie de nirvana ataráxico donde ya no me importaba niuna hueá de nadien. La verdad, creo que este tipo de divisiones están bien para nuestros papás y mamás, cuando significaba estar en contra o en pro del gobierno actual. Pero así, entre amigos y familiares, pelear a muerte por quien tiene el partido es una tristeza. Que se peleen los ávidos de poder y los que están en camino de ganar o perder pega. Así que: si Tatán las caga, vamos a apedrearlo. Pero si resultan cosas buenas de esto, pues mejor.

Y soy un ignorante en estas hueás y ahora van a venir a todos lados a sacarme la chucha y a tildarme de fascista porque no pienso en absolutos. Pero por el lado positivo, pegas no me van a faltar.


[1] Y es bien sabido el aporte a la humanidad sin los grupos de Facebook. Sinceramente no sabría qué hacer si no fuera parte de “¿¡¡¿YO TAMBIEN RESPIRO OXIGENO!!!11!

18. Tío Lucho

(Gracias al sociólogo que no duerme por la –comillas –sugerencia –comillas)

Existe una teoría en el mundo de las tendencias que dice: lo que estaba de moda y ya no lo está, puede estarlo de nuevo en exactamente veinte años. Es lo que se entiende como moda retro. La explicación más aceptada para este fenómeno reside en que los que eran adolescentes cuando una moda x explotó, veinte años más tarde son afluencias e influencias importantes para el mercado, a nivel de creación, distribución e imposición. Ellos toman las decisiones; y si ellos quieren que vuelvan, por decir una cosa, los pantalones acampanados, pues todo aquel que se cobije tras la sombra del capital usará pantalones acampanados, y se verá morrocotudo usándolos. Esto aplica también a las artes, con fenómenos distinguibles incluidos: el punk aparece como desafío al tecnicismo preciosista del rock progresivo; veinte años después, el grunge (y su primo mayor, el noise) aparece como desafío al tecnicismo preciosista del pop ochentero.

Toda esta exposición tiene la finalidad de explicar por qué NO me molesta todo lo relacionado a temática ochentera: porque comprendo los procesos detrás de su popularidad. Y a la vez, esperaba con ansias la década del ’10 para que la moda mirara hacia los 90’s, y empezara a reciclar cosas que no me avergüenzan tanto. Y la música es la raja. Pero entonces me encuentro con esto:

Esto es el single de un CD que salió el 2008, de una banda que está haciendo notar recientemente. Esta hueá, para mí, es inaceptable. Si fueran mediados del 2000 me lo tomaría con un grano de sal, sabiendo que estos cabros están explotando el filtro nostálgico de los que en su juventud escuchaban estas cosas y ahora son dueños del mundo. Pero ya estamos en el 2010 (¡el futuro, miércoles!), los ochenteros originales ya estarían acercándose a la cincuentena, y no estoy ni ahí con comprarme esta basura retro en honor a la nostalgia, la ironía o cual sea la excusa que se pone la gente para escuchar estas hueás.

Esta banda es terrible y deberían sentirse mal por lo que están haciendo[1]. Y la gente que pesca, debería sentirse mal también. Harto viejos estamos ya para encontrar interesantes a unos pelagatos que se creen entre Los Prisioneros y Duran Duran. Yo les mando un Pato Yáñez y reclamo mi retro como debería ser: sintiendo desprecio generalizado hacia todo y usando franelas en la disco. Si llego al 2015 y pillo que lo ochentero todavía vende, voy a pillar una rabieta…

Por último, si en el 2015 vamos a seguir mirando hacia los 80’s, que por lo menos sea algo más o menos parecido a esto:


[1] Para que no crean queno investigo: si, cuando eran punk calificaban de pasables (apenas). Y sí, en vivo son menos ofensivos. Pero eso nomah.

17. Año Nuevo

(Sí, es navidad. Pero siempre la quise poner y creo que todos deberían oírla y conocer de paso a los Pogues, que además calzarían por ser los reyes de las canciones para curaditos. Y sí, el tema ya está pasadito, pero me daba vueltas hace días y buscaba la mejor forma de abordarlo)

Nunca me han molestado las festividades. No, no soy de los que saltan en una pata, pendiente del último detalle y contando con los dedos cuanto falta para que llegue la hora deseada, pero tampoco soy un Ebenezer Scrooge. Al final son un trámite más que debo sortear.

Navidad y año nuevo siempre me toman por sorpresa, no importa lo ridículo que suene esto. Siempre vengo saliendo de algo, terminando algo, en la etapa crucial de algo. El ánimo para festejar se me pasa por encima. Navidad es ocasión para comprar regalos que serán olvidados al mes y comerme un pavo entero. Año nuevo, por otro lado, es un número más en mi agenda de pendientes.

Nunc se muy bien lo que quiero hacer para año nuevo. Para ser un momento del año que se promociona precisamente por la infinidad de ofertas para salir, recapitular y ponerse como tonto con el trago, yo colapso con tanto elección a mano. La razón es en parte porque no me gusta esa sensación de que estoy forzado a celebrar, que hay que celebrar sí o sí. A mi caso no ayudan los gastos masivos en los que hay que lanzarse para pagar tributo a los sucesos del año; para que todo es demasiado caro, demasiado tramitado. Las calles están bloqueadas, los borrachos andan locos, y la gente se comporta como si fuera el fin del mundo para volver a sus rutinas aburridas partiendo del 2 de enero.

Nunca he sido creyente de la idea que más es mejor. No veo por qué me lo iría a pasar mejor porque hay chorromil fulanos a mi lado. No es el desprecio a lo masivo por sentirme un copito de nieve único e irremplazable; simplemente, no le encuentro la gracia. Llámenme apagado, rancio o lo que sea. Así veo las cosas. Lo que siento en año nuevo es esa desagradable tensión de que debería estar haciendo algo, cualquier cosa, porque es año nuevo. Y no importa lo que haga, siempre habrá algo mejor esperándome a la vuelta de la esquina, una oportunidad que me perdí. Es una sensación neurótica y estresante, pero es MI sensación neurótica y estresante.

Lo más curioso es que, por este año, sentí que no era el único. Quizás no estamos poniendo viejos. Quizás el advenimiento del Tatán nos tiene desvelados. Las ofertas eran pocas, me encontré con más personas en mi misma posición, incluso las calles estaban bastante más silenciosas que de corriente. Sea lo que sea, para parafrasear a un amigo: “Hay 364 días para carretear”.

[gracias a Socioblogo por la sugerencia]

En el capítulo anterior cubrimos la situación de que se da cuando el periodista joven, sin un aporte real a la sociedad, intenta pasar como una excusa de nota la prolongación de su estatus permanente como superior a los ñoños de la clase. En una luz más positiva, uno supone que estas acciones reafirman el compañerismo con los suyos, afianzando la comunidad juvenil. Y que, después de todo, no es culpa de la persona si tienen visiones distintas del mundo; que por tanto, su experiencia es la mejor o la más normal.

Excepto cuando hay que sacar ratings fáciles mediante la provocación. En esos casos hay que recurrir a lo podrida que está la juventud, lo excesivos y descontrolados que están sus carretes. En estas ocasiones, el periodista joven hará una seria reflexión, resultando en la epifanía de que su descocada precocidad a la hora de divertirse en sus años de universitario quizás no fuera la mejor de las ideas, y que quizás haya que prevenir a las futuras generaciones acerca de los riesgos de una vida así. “Seria reflexión” siendo, por supuesto, una forma bonita de decir que el/la tipo/a se convierte en un completo hipócrita, que va a presentar todas las cagadas que hizo en sus tiempos locos en lugar de formar pensamiento crítico como una tendencia nueva y particular que azota a nuestras jóvenes generaciones.

En la simple y dura, carerajas. Presentan sus caras santurronas, sus reacciones -¡realmente impactante señores! -, sus opiniones sobre lo que anda mal con este país. Que los jóvenes no tienen figuras de autoridad, que la tele, que el GTA, que los monos chinos… intentarán, con obvia torpeza, desenfundar gráficos y estadísticas que tienen escaso valor real. Total, transmiten su mensaje objetivo: este es, por supuesto, asustar a las viejas aburridas que andan mirando la tele. Y eso es lo que importa en el mundillo notero. Mientras tanto, el periodista joven está salvaguardado con su sueldo, sus medios y su privacidad, desde donde lamer el pisco chorreante desde la concha de las desnudistas que quiera.

Habría que formar una cola de agradecimientos para estas promesas. Sin ellos no tendríamos las discusiones draconianas por una vida nocturna inexistente, por la popularidad de los Zalaquetts y otras aves de rapiña. Si no los tuviéramos a ellos como compases morales de la decencia, este país se caería a pedazos. Específicamente, la lección moral de que si nadie te pilla haciéndolo, es como si no existiese. Como si no lleváramos siglos viviendo felices bajo esta máxima.

EDIT: Voy a tratar en serio de volver a mi rutina original de 1 post a la semana. ¡ Suerte!

Existen multitud de de maneras de hacer periodismo, y cada manera puede resultar en una obra maestra o en una bolsa de caca. Lamentablemente, el Principio de Pareto es igual de aplicable para la calidad en general de las destrezas humanas. Esto es lo que en contextos menos formales se conoce como Ley de Sturgeon: “el noventa por ciento de todo es basura”.

Pero uno de los peores tipos de periodismo para expresar esta doble faceta es ese que se conoce como “periodismo joven”. En sus mejores momentos es atrevido, innovador, libre de grupos de presión que lo influencien. En sus peores momentos es charlatán, insolente y altamente despectivo hacia todos los que no concuerden con sus ideas.

Dentro de este tipo, siempre he guardado un desprecio total para una forma particular de nota. Como el título de esta molestia dice, consiste en mostrar la última novedad en materia de subcultura. Básicamente, mostrar la tendencia X, decir y mostrar las ridiculeces que hacen sus miembros en nombre de su tendencia. Notas de esta calaña sobran en todos los medios sin importar la afiliación política; desde los rincones del cuerpo A dominguero en el Mercurio hasta las Tendencias de la Nación Domingo. Curiosamente, cada uno es insultante a su manera correspondiente: mientras que, por ejemplo, las del Mercurio son paternalistas, condescendientes y utilizan factores psicológicos para mostrar que el fenómeno en cuestión es sólo una etapa o locura juvenil, los de la Nación son despectivos, atacando a la tendencia del momento por su estupidez, superficialidad y adherencia gregaria al neoliberalismo globalizante.

Ahora, no me importaría tanto si fueran un montón de veteranos tratando de descifrar en que andan estos jóvenes malacatosos. Pero la realidad es que por costumbre los perpetradores son jóvenes como ellos, algunos años demás; y que es una fórmula segura y obvia que ha sido igual desde que tengo memoria. No quieren comprender ni entender, sino tener un fenómeno de circo más para burlarse y alegrarse por lo normales que somos nosotros. Porque el periodismo joven vende una realidad determinada, y comprarla significa adherir al sistema de status quo que los viejos se alegran que sigamos.

Si, por ejemplo, el pendejo en cuestión sale a Metro Salvador disfrazado de Harry Potter es patético; si yo viajo a Talca y abandono todo aspecto de mi vida para ver un partido de mi equipo favorito, estoy dentro de los normales. En síntesis: por cada actividad humana posible dentro del espectro de múltiples opciones, siempre habrá alguien más patético que lo que ejerce uno. Y eso es parte de todos, salvo que yo no lo ando televisando para humillar a gente que no me ha hecho nada. Y no soy un guatón pasao a caca que se las hace de irreverente y pretende estar haciendo algo importante. Y si lo soy, no pueden probarlo.

Pero no tiene que ser siempre así. Hace un mes me topé con un capítulo de Caso Cerrado Chile donde la doctora debe tratar con un variopinto de tribus urbanas. Doña Polo no es periodista, ni joven (con su perdón), ni chilena; y lo que parecía puesta en escena de una ridiculización mas de estos pendejos idiotas termina con una escena francamente emotiva (hay que ver hasta el final), por el puro hecho de que alguien muestra una reacción distinta a la burla. Imagínense.

14. JUSTICE en vivo

Voy a partir con una declaración bastante casual: CONSHETUMADRE… no, no, no y no. Algo está definitivamente mal si nos quieren cobrar 24 lucas (lo básico) por unos locos que apenas llevan un disco encima. Es criminal, es una locura, y está funcionando. JUSTICE, el dúo francés que hizo caerse de poto a la escena electrónica hace dos años. JUSTICE, el tipo de evento musical que convoca el tipo de fans que desprecio con altiva pasión. JUSTICE, la banda que te hará irremediablemente cool entre tus amigos shúper. Y la hueá de la cruz es súper simbólica y la hueá.

¿Cuáles son los límites a la hora de crear un evento único? ¿Hasta cuánto pueden subir los precios, efectivamente matando el interés de cualquiera que no sea un fanático a morir? Es como si las productoras se hubieran puesto al día con la nueva postura de tantos jóvenes melómanos, hartos del monopolio del compact disc, que se rehúsan a comprar el formato material y eligen, personalmente, apoyar a sus bandas favoritas por medio de las platas reunidas en conciertos, merchandising y donaciones; una nueva ideología que las discográficas observan con el desdén contenido que se guarda para cuando los niños dicen alguna estupidez con orgullo, irguiéndose para decir: “¿Sabís qué? Chúpalo”, y proceden a castigar al público fiel con precios asesinos. Irrumpir en el departamento de mi abuelita para sodomizarla sería un ejercicio más sutil.

Tampoco me esperaría menos de la banda, cuyo género describo casualmente como “electrónica de estadio”. Siempre tuve mis sospechas: desde ese nombre conceptual con la crucecita hasta el video polémico en los banlieus. Había algo en ellos que nunca me gustó, esa parada de ser más grandes de lo que se merecen, esa actitud semi-artificial de “esta música será icónica/de culto antes que empecemos a agarrar fans”. El disco está bien para escucharlo en la micro, pero hasta ahí nomás.

El tiempo dirá si la fama que se están creando corresponde como debiera. Total, el tipo de gente que atrea JUSTICE no dura mucho tiempo. Hasta entonces, yo me viro.

P.D.: ¿Qué escucho yo? Bueno, ahora mismo estoy rayando con Jonathan Coulton, que es medio antítesis de esto: íntimo, emocional, ingenioso de letras e irremediablemente geek.

13. Freud

Un cliché en ficción que ya ha alcanzado trascendencia a tal punto de superar el mero status de cliché es la idea de que toda psicología es freudiana. He oído que este fenómeno también se le conoce como “En algún lugar, un psicólogo está llorando”. Básicamente, que toda la psicología sigue el modelo arcaico y anticientífico de Sigmund Freud. Esto suele servir a la función de no confundir a la audiencia (que es tonta) al nunca salir de las fuentes de referencias populares, porque TODOS han oído hablar de Freud, y la psicología nunca avanzó más allá del subconsciente. Si los científicos se guiaran por esta lógica, los edificios todavía se medirían tirando cosas desde la azotea.

El problema es que hay un poco de verdad en esto: no importa cuan poco científico, cuan poco desarrollado o cuan inerte sea hoy en día, todavía existen muchas personas cuyo credo profesional se sienta en el postulado de que en el mundo hay dos tipos de personas: los que cuando chicos se aguantaban la caquita, y los que la dejaban escapar tipo chorro de cohete. No, en serio, así funciona la tontera del desarrollo psicosexual. Personas que se niegan a ver el proceso evolutivo detrás de cualquier ciencia, tratando de operar con un modelo reconocido por lo muerto y disecado que se encuentra. Sin mencionar que son unos jodidos insufribles. Venga, atrévete a contarles algo de tu vida personal. Y ni siquiera, porque verán abiertas tus parafilias por la forma de agarrar el cucurucho de helado.

Ocasionalmente se me abría el apetito de ser maestro pokemon freudiano. Leí el Freud para principiantes (esos que usan viñetas para explicarlo todo), asistí a unas clases de Introducción al psicoanálisis, me arriesgué con los textos originales. Y por fin me rendí, porque lo aprendido me era tan… no encuentro mejor palabra que estúpido. No hay ningún secreto para leer a Freud: El psicoanálisis freudiano es lo más simple del mundo, causa y efecto. Con razón Kafka y otros lo odiaban tanto. No hace más que una mente analítica y dotes conversacionales para triunfar en este mundo, y son estas características las que atraen a las gentes más idiotas. No pido un manual tan asquerosamente complejo que el tenerlo en mi repisa sea fuente de admiración entre mis conocidos[1], pero… por favor.

Tomen Nosotros y los otros, un libro del crítico búlgaro Tzvetan Todorov. Entre otras cosas, Todorov se pichulea a la mitad de los referentes que usó don Sigmundo. Fue brillante en su época, claro, pero ese es el problema. Freud ni siquiera era psicoanalista porque tal título no existía, él era medico. Con cero referentes, tuvo que crear el psicoanálisis de la nada. Y como se ve con Todorov, la mitad de sus referencias son racialistas al peo, aprovechados del boom científico victoriano para presentar sus teorías nada científicas. Así que, por favor, dejen de culpan a mamita por un momento.


[1] Acá tienen que imaginarme,apuntando con el dedo y un tono de entre ironía y autodepreciación, una copia de El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica en mi repisa.

 

12. Un Techo para Chile

penn-and-teller-bullshit

Hace un par de añitos (poquitos para que no me crean tan arcaico), andaba dando vueltas por mi universidad con unos amigos. Uno toma un afiche de Un Techo para Chile, le gusta y lo arranca para guardárselo. En esos mismos momentos aparece el que parece el afichero oficial, que ante la vista de mi amigo le manda pedazo de reprimenda: al final derivando en que ellos hacían todo el trabajo importante y nosotros (sociólogos) sólo nos sentamos a rascarnos las hueas. Precioso.

Esto que escribo no es un análisis sobre las soluciones a corto plazo, ni discusiones sobre la efectividad en términos de políticas nacionales. Siendo este mi espacio, lo que escribo tiene como fin exponer mi perenne ocurrencia: que los cabros de Un Techo para Chile son un montón de sacohueas que se asfixian con su propio ego. Y que cualquiera con dos dedos de frente puede explicar porqué no afiliarse a un voluntariado no es equivalente a ser un engendro comeguaguas de Satán.

Pero que no digan que esto es puro mirarle el hocico al caballo regalado, porque conozco –aunque sea de segunda mano -la realidad de lo que sucede en las poblaciones donde los cabros trabajan. Y gracias a cierta informante aprendí que, en la práctica, Un Techo para Chile no es la organización perfecta que nos hacen creer. La verdad, son bastante deficientes: no llegan a las horas citadas, armar las mediaguas a medias, se olvidan de asistir a las reuniones de educación. Y eso que ni siquiera me voy a rebajar para usar el argumento de que apuesto lo que sea a que los miembros del Techo pueden hacer voluntariados porque en casa no falta el pan. Aunque técnicamente ya lo hice, así que todos pueden ver lo mezquino que soy.

Más allá de la efectividad del sistema, más allá del problema de una solución a corto plazo, yo podría vivir tranquilo sin que Un Techo fuera una molestia más en mi lista. Empero, lo que me molesta es la actitud de sus miembros (no todos, por supuesto): los niños del Techo que tienen la cabeza tan metida en el culo, saboreando su sentido de autosatisfacción y superioridad, que las narices les chocan con la manzana de Adán. Si crees en ello, bien por ti, pero más vale que no lo presumas; de ser así, anotaré tu nombre en mi mano y te rastrearé cinco años después, para cuando los tiempos de caridad sean recuerdos locos de juventud y estés sentado en el sillón de cuero italiano, en tu oficina de gerente general. Allí mismo te preguntaré donde quedó la mano que da, viendo los millones que corren por tu cuenta.

Y después haré un chiste obsceno con tu hermana y me saldrá mal, trataré de salir indignado y me golpearé la rodilla con el gomero. Maldito espíritu de la escalera…

vidadeconsumo

Una sociedad postindustrial, basada en la compra e intercambio de bienes y mercancías, tiene que ser por necesidad criticada por un sector o individuos inconformes con la situación. Desafortunadamente, la calidad, ingenio o insidia con que compongan estas críticas parece no ser requisito en un contexto al menos del tipo masivo.

Lo que es una forma elegante de decir que la gente que quiere hacerte sentir mal por las cosas que compras hablan puras hueás. Ya conocen la rutina: artista o personaje recurrente, experimentado en las tablas o en las cámaras o en el catre o en lo que sea comienza su diatriba de cómo la gente se fija en el puro MP3, MP4 o MP5 (nombrar el modelo de un futuro incierto nunca falla) y recomendarles que se vayan al campo a cosechar tomatitos (o cannabis entre los más osados). Un mensaje completamente reciclado, que no hace intento alguno por adentrarse en las dificultades actuales o promover otros puntos de vista. Pero cuidadito, porque la rutina no es sólo para viejos chochos: adultos, jóvenes, niños, mujeres… todos pueden decirte lo que tienes que hacer sin haber preguntado. Desde el discurso del tipo pidiendo plata en la micro hasta la nueva SÚPERproducción chilewoodense.

Era lindo cuando la gente salía de dictadura. Era un mundo nuevo y desconocido, había una ilusión de tener plata, de ser parte de un mundo globalizado, y empiezan a aparecer el crédito. Ahí te compro la necesidad de retomar el discurso. Excepto que han pasado treinta años y no avanza para ningún lado.

Diré  esto rápido para minimizar el dolor, como un parche curita: quienes suelen decir eso son justo quienes menos tienen que preocuparse de lo material. Lo que en realidad es bastante lógico si se piensa bien.  ¿Quién está en mejor posición para dar estos consejos, que alguien que no tiene que urgirse cuando no hay plata –porque siempre tiene plata -? Allá los actores, cineastas y literatos pueden discursar desde el Olimpo sobre lo bonito que es oler las rosas. Hacen sus obritas y peliculitas y exposiciones para que el público las vea (por un precio, obviamente) y después para la casa. Eso está mal en montones de niveles que me tomaría largo en describir.

Este tiene un lugar especial entre mis molestias por ser el rey de los lugares comunes. Así que a las viejas o viejos que siguen hinchando, vayan a morder una tula. Adoro mi MP3 y mi pantalla plasma; no ando amargado por la vida por las cuotas ni dejo de pasear con mis amigos y buscar el amor. Y hay formas de luchar contra el consumismo extremo, pero las hay mejores que un chiste repetido con olor a huevo podrido.

Entradas antiguas »